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miércoles, 30 de junio de 2021

Poesía de Bulgaria: Entrevista con la revista "Espiral" sobre poesía contemporánea búlgara y traducción

 

ENTREVISTA A MARCO VIDAL, por María José Vargas Castillo para la revista Espiral (nº 26). Puedes consultar y descargar el número original en la web de la revista aquí.


Sobre la revista:

Espiral es la revista que edita la Consejería de Educación para Bulgaria, Hungría, Moldavia, Rumanía, Serbia y Turquía. Anteriormente se editaba como boletín. Inicia su nueva etapa como revista en 2020. Espiral consta de artículos de contenido académico, cultural y didáctico, y colaboraciones de diversos profesores y especialistas. Sigue un eje fundamental que es la enseñanza del español como lengua extranjera en las Secciones Bilingües, pero no es ajena a las investigaciones pedagógicas, lingüísticas o históricas tendentes a potenciar el acercamiento de España con los países de la región. Pretende ser un nexo de unión entre los diferentes países para compartir experiencias, poner en contacto a los profesionales de la educación y la enseñanza del español en la demarcación de la Consejería de Educación, y servir de plataforma a los trabajos e investigaciones en curso.

Unidad editora: Secretaría General Técnica. Centro de Publicaciones. Ministerio de Educación y Formación Profesional

Propuesto por: Embajada de España. Consejería de Educación en Bulgaria

Puedes consultar todos los números de Espiral aquí

 

María José Vargas Castillo es graduada en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante, con mención en Lingüística Aplicada, concretamente, en Lingüística Clínica. Desde 2019 es profesora de Español Lengua Extranjera y de Literatura Española en el Instituto Bilingüe César Vallejo de Sofía, dentro del programa de Secciones Bilingües de la Acción Educativa Exterior del Ministerio de Educación y Formación Profesional de España.


ENTREVISTA A MARCO VIDAL

 

Con el seudónimo de la Tortuga búlgara, el sanluqueño Marco Vidal González, escritor y eslavista, se dedica a la traducción y divulgación de la literatura y cultura búlgaras, además de publicar activamente en su blog la Tortuga búlgara. También, ha traducido cuatro libros de poesía: “Nueva Poesía Social. La Antología”, “Muchacha blanca”, “El muchacho azul” y “Urban Perfume”. En 2017, recibió el premio en la categoría de Prensa y Medios Digitales que otorga la Asociación de Periodistas Hispanohablantes de Bulgaria. Actualmente, reside en la capital uzbeca, realizando un lectorado MAEC-AECID.

 

¿Cómo surgió tu interés por la lengua búlgara y la literatura búlgara?


Mi interés por la lengua búlgara surgió a raíz del ruso, ya que al matricularme de Filología Eslava en la universidad tenía que escoger una segunda lengua. La elección fue totalmente casual, casi echada a suertes, pero lo cierto es que desde el primer momento que empecé a estudiar este idioma me llamó tanto la atención que acabó desplazando al ruso, que era el motivo fundamental por el que me matriculé en esta especialidad.


Mi interés hacia la literatura fue gradual y posterior a la curiosidad lingüística sobre esta lengua. Primero me llamó la atención su gramática (debido a la ausencia de declinaciones, la presencia de artículos, así como los llamados balcanismos), y posteriormente vino la poesía de Hristo Botev y Blaga Dimitrova.


¿Cuáles han sido los grandes retos a la hora de traducir del búlgaro al español?


Recuerdo una vez en clase de búlgaro, en la Universidad de Veliko Tárnovo, cuando la profesora dijo “la lengua búlgara tiene verbos para todo”. Es verdad. No solo que haya verbos para describir casi cualquier cosa, sino que el búlgaro, además, abusa de los prefijos verbales. Éstos añaden matices importantes a los verbos que en español a veces solo pueden traducirse con perífrasis verbales, lo cual en poesía suele descuadrar la longitud de los versos y el ritmo.

 



Según tu criterio, ¿cuáles son los temas de la poesía búlgara? ¿y, de la poesía búlgara actual?


Bueno, la verdad es que me queda aún muchísimo por leer, sobre todo a los clásicos. Es una deuda que tengo también con la literatura española. Puedo, sin embargo, hablar de poesía búlgara actual y concretamente de los poetas vinculados al movimiento Нова социална поезия (Nueva Poesía Social), fundado en 2016 por el poeta búlgaro de origen cubano Vladimir Sabourín.


En la revista de este movimiento he descubierto poetas muy interesantes que, desde diferentes estilos, evocan aspectos e imágenes propias del contexto búlgaro como la decadencia, la languidecida cotidianeidad, la pobreza sistémica y el paisaje urbano tan lleno de contrastes propio de Sofía.


¿Por qué crees que la poesía y la literatura no tiene un gran calado en las aulas?


Creo que obligar a leer desalienta el interés por la lectura... Recuerdo, además, cómo lo pasaba de mal en el colegio cuando me obligaban a leer lecturas obligatorias que no me llamaban en absoluto la atención. Esto me hizo rechazar durante años todo tipo de literatura.


Por otra parte, creo que estamos en un momento histórico en el que se premia lo instantáneo y lo efímero. Ya no necesitamos recurrir a una enciclopedia o un libro de historia para informarnos sobre un episodio histórico o un término desconocido porque lo tenemos todo al alcance de un clic en la wikipedia. Mi generación, y sobre todo las siguientes, somos la generación de la supuesta era de la información, que más que conocimiento lo que nos ofrece es un tsunami de informaciones a golpe de clic que nos atrapa y nos lleva de un enlace a otro enlace hasta el infinito. Después de dos o tres horas delante de una pantalla buceando en la red, ¿qué obtenemos? Normalmente una información superficial que desaparecerá de nuestra mente al cabo de unos días. Creo que todo esto es muy importante y sintomático de nuestra generación y del momento histórico que vivimos: no tenemos paciencia, hemos olvidado lo que es el aburrimiento, no tenemos interés por formarnos, por obtener conocimiento. Lo queremos todo mascadito y facilito. Y lo queremos ya.


La literatura requiere introspección, tiempo, paciencia... Y la poesía también. Por mucho que ahora estén surgiendo poetas instagramers, cuyo estilo, por cierto, se asemeja más a frases de coachers motivacionales – siempre con un filtro estupendo – que a la poesía en sí. La poesía, pese a su breve estructura frente a la novela, requiere introspección. Yo por lo menos un poema, por sencillo que parezca, no logro comprenderlo hasta la tercera lectura por lo menos. Y muchas veces necesito varias relecturas para sentirlo y vivirlo. ¿Está la sociedad del momento preparada para leer con detenimiento y reflexión una obra literaria? ¿No será más fácil ir a la wikipedia, darle a F5 y buscar las palabras claves «estilo» o «tema» y ver qué quería decir tal poeta?


Recientemente, has traducido un libro de Aleksandar Vutimski El muchacho azul. ¿Qué destacarías de la obra de este poeta?


Aleksandar Vutimski es el gran desconocido. Quizás debido a que, como comentas, no hay interés en las nuevas generaciones por la lectura (y mucho menos por la poesía), los poetas secundarios pasan casi al olvido. Sin embargo, creo que es un autor excelente que supo combinar en su obra tanto su grito más íntimo, como su grito social por un mundo mejor.


Algo sin duda destacable es que fue el primer poeta búlgaro en tratar la temática homoerótica en su obra. Aleksandar Vutimski era homosexual y reflejó en su poesía su deseo irrealizable y su atracción afectiva y emocional hacia los muchachos. Pero hay, también, otros temas muy interesantes en su poesía como la pobreza, la lucha social, el alcoholismo, el horror de la guerra, la soledad de la gran ciudad, la decadencia... Y todo siempre visto desde el azul de sus ojos. El azul es el color de lo inaccesible, de lo inalcanzable, del delirio... de la embriaguez. Su universo azul cautiva con su delicadeza.

 



Te interesas por la temática social, por la política y sociología, y además escribes en la revista Nueva Poesía Social. ¿Crees que la poesía y la literatura en general hacen del mundo un lugar mejor?


Creo que la poesía hace que los lectores reflexionen, cuestionen, e incluso puede darles valor y coraje para actuar. Puede que la poesía por sí misma no contribuya a que las cosas cambien pero sin duda hace que los lectores piensen, amplíen su horizonte e incluso los invoque a la lucha.

Estoy convencido de que cualquiera que lea este tipo de poesía, empezará a cuestionar el orden existente, reflexionará sobre los problemas del mundo y cuanto menos le hará preguntarse ¿por qué el mundo es así?

Otra cuestión es, sin embargo, cómo puede lograrse un cambio real. Pero una cosa está clara: si no reconocemos los problemas de nuestra sociedad, no habrá manera de cambiarlos. Y la poesía tiene, precisamente, la fuerza de hacer que el hombre-lector reflexione, cuestione y reconozca su condición y la de sus contemporáneos.


Para un lector que desconozca la literatura búlgara ¿Qué autores o autoras me recomendarías?


Para los que quieran conocer la parte más clásica de la literatura búlgara, a Hristo Botev. Para los que quieran oir la voz y preocupaciones de los millenials, a Elizabet Yóskova. Para los que quieran leer poemas que les dejen con una interrogante irresoluble, a Zhivka Baltadzhieva, Ani Ílkov, Rada Panchovska y Blaga Dimitrova. Para los amantes de la naturaleza, a Alexander Shurbanov. Para los que quieran leer poesía femenina actual sin etiquetas, a Aksinya Mihaylova, Kristin Dimitrova y Amelia Licheva. Para los que quieran recrear en su mente el paisaje urbano de Sofía y su decadencia, a Vania Válkova. Para los que quieran escuchar el íntimo desgarro desde la pobreza y falta de expectativas, a Ruzha Velcheva. Para los románticos de verdad – y no aquellos de frases ñoñas y superfluas que tanto vemos últimamente en instagram – pero que sepan apreciar y necesiten ese toque social tan necesario, a Aleksandar Vutimski. Para los que quieran leer poesía homoerótica, a Stanimir Panayotov, Nikolai Atanasov y Aleksandar Vutimski. Siempre Vutimski. Para los que necesiten poesía política que les haga cuestionarse su condición de asalariado, a Vladimir Sabourín. Para los que quieran poesía directa y clara, sin metáforas, y que logre removerle algo por dentro, a Kiril Vassilev. Para los que sepan ver la belleza hasta en el dolor y los tonos grisáceos, a Beloslava Dimitrova y Aycha Zaralíeva. Para los que quieran leer al representante del postmodernismo, a Zlatomir Zlatanov. Para los que quieran poesía social sin más, pero repleta de necesarias incógnitas, a Valeri Vergilov. Para los que quieran poesía sin etiquetas, a Stefan Ivanov. Para los que quieran ver a un extranjero escribiendo en búlgaro, al palestino Hairi Hamdan, al inglés Tom Phillips y a mí mismo, siempre que no suene demasiado pretencioso esto de autorecomendarse, claro.

 

Más información sobre mis libros:

- ¿Dónde se pueden adquirir mis traducciones?

- Poesía búlgara en el idioma de Cervantes, traducida por un joven bulgarista español 

- El sanluqueño Marco Vidal traduce una antología de poesía búlgara  


sábado, 21 de noviembre de 2020

Poesía de Bulgaria: "Vutimski es hombre de su tiempo", entrevista con el periódico de Svoge


¿Cómo surgió tu interés hacia la obra de Aleksandar Vutimski? ¿Cuándo ocurrió?

En 2017 descubrí de manera totalmente casual la poesía de Aleksandar Vutimski. El primer poema
suyo que leí fue “Poemas al muchacho azul”. Me quedé bastante impresionado por la imagen poética del muchacho azul y también por la sensación de melancolía que me invadió su poesía. También me impresionó el hecho de que Vutimski es uno de los primeros autores búlgaros en tratar la temática homoerótica y decidí continuar leyendo su obra literaria. Entonces empecé a leer sus relatos breves, sus ensayos, así como su novela “Los ojos que lloran”. Algo que valoro mucho en su obra es la fusión de lo colectivo-social y lo íntimo.

Hay otros temas en su poesía, como la pobreza, la lucha social por un mundo mejor, el alcoholismo, el horror de la guerra, la soledad en la gran ciudad, la decadencia... estos temas honran al autor. A través de sus ojos todo se vuelve azul, no solo los muchachos, sino también los carruajes, el sol, el cielo, los sombreros, los ojos, las manos, las boinas... El azul es el color de lo inaccesible, de lo inalcanzable, del delirio... de la embriaguez.

Solamente la poesía de Vutimski y la música de Boards of Canada (concretamente la canción Aquarius) consiguen tocar mi vena más melancólica y nostálgica. Inspirado por este grupo y por la poesía de Vutimski escribí mi primer relato corto en búlgaro “Синьото момче се оглежда“.

Más adelanté me fijé que el color azul está representado también en los Cds y en las letras de este grupo y entonces el azul pasó a ser un símbolo muy importante para mí. 

 
Os separan casi 80 años pero ambos, como autores, tenéis la misma edad. ¿Os hace más cercanos este hecho?

De hecho, cuando empecé a trabajar seriamente en la traducción de la obra poética de Vutimski tenía justo 24 años. Por entonces quería que el libro saliese antes de que cumpliera los 25 pero no fue posible. Creo que este hecho nos acerca, ya que antes de meterme de lleno con la traducción de su poesía no me había fijado en el dato de que Vutimski murió a los 24 años de edad. Sabía que había fallecido muy joven, de tuberculosis, y que no había logrado publicar su poemario, pero no tenía ni idea de que murió justo a la edad que tenía yo mientras lo traducía. Cuando me di cuenta de este detalle me sorprendí, y compartí emocionado este dato con mis amigos.

Pero hay otros hechos más interesantes que nos acercan. Uno de ellos es, de hecho, bastante curioso. Desde hace cierto tiempo enseño búlgaro a hispanohablantes y tengo un grupo de estudiantes de Berisso (Argentina), que son descendientes de emigrantes búlgaros que no han logrado conservar su lengua. Tienen gran interés hacia las tradiciones búlgaras, incluso tienen una asociación con biblioteca y organizan festivales de bailes folclóricos. Debido a su interés por la cultura búlgara les envío de vez en cuando traducciones de autores búlgaros contemporáneos, entre los cuáles se encuentra Vutimski.

Un día me escribió Macarena, una de las estudiantes del grupo de Berisso, para decirme que se había quedado impresionada no solo por la poesía de Vutimski, sino también por el parecido físico entre el autor y su primo y su hermano. Este hecho no sería tan sorprendente si su apellido no coincidiera con el del poeta búlgaro (cuyo nombre real es Aleksandar Vutov). Resulta que su bisabuelo es del pueblo Blasnichevo y se llamaba Ivan Stefanoff Voutoff. La diferencia en el apellido está en la transliteración del mismo.

 

La semejanza entre Vutimski y estos muchachos es evidente. Por desgracia no sabemos con certeza si su bisabuelo fue familiar del poeta, pero espero que si algún descendiente de Vutimski lee esto nos ayude a aclararlo. 

 

 

Otro hecho interesante es que un compañero de mi hermano, el bailaor Julio Ruíz, que no me conocía ni a mí ni a mis traducciones, está trabajando en un proyecto artístico en el que el color azul es representado por la música y el baile flamenco. Buscando en internet obras literarias inspiradas por el azul, encontró mi traducción de Vutimski.


Actualmente el joven bailaor está leyendo la poesía de Vutimski en español y me reconforta ver cómo unos poemas, escritos hace 80 años, pueden inspirar a artistas de otras culturas e incluso de otro siglo.


¿Consideras que la poesía de Vutimski es actual hoy en día?

Mientras el mundo en el que vivimos siga siendo así de injusto, mientras la gente continúe escondiendo y reprimiendo sus sentimientos, su poesía seguirá siendo actual. Igualmente, el tema del amor frustrado siempre será actual, independientemente de las condiciones políticas. El amor es un tema inherente al hombre y al escritor. Pero Vutimski la trata de una manera delicada y fina. Sus poemas de amor no son para nada pastelosos o ingenuos, a pesar de la temprana edad del autor. Sus poemas de amor, con la ambigüedad que los caracteriza, hace que el lector reflexione, logrando transmitir esa desesperación, provocada por la ausencia del amado y rozando, así, el nervio más emocional del lector.


Te interesas por la temática social, por la política y sociología, y además escribes en la revista Nueva Poesía Social. ¿Crees que la poesía y la literatura en general hacen del mundo un lugar mejor?

Creo que la poesía hace que los lectores reflexionen, cuestionen, e incluso puede darles valor y coraje para actuar. Puede que la poesía por sí misma no contribuya a que las cosas cambien pero sin duda hace que los lectores piensen, amplíen su horizonte e incluso los invoca a la lucha. 

Vutimski es hombre de su tiempo y como tal expresa a través de sus versos las aspiraciones y los problemas de su generación. Sus poemas más políticos (La Europa depredadora, Restaurante, Vagabundos) plantean temas como el colonialismo, el horror de la guerra, los privilegios y la hipocresía de la clase burguesa... Estoy convencido de que cualquiera que lea estos poemas reflexionará sobre estos problemas y cuanto menos se preguntará ¿por qué el mundo es así? 

Otra cuestión es, sin embargo, cómo puede lograrse un cambio real (pero aquí ya entramos en tema político). Pero una cosa está clara: si no reconocemos los problemas de nuestra sociedad, no habrá manera de cambiar el statu quo. Y la poesía tiene, precisamente, la fuerza de hacer que el hombre-lector reflexione, cuestione y reconozca su condición y la de sus contemporáneos.


¿Qué le une a nuestro país?

Estudié Filología Eslava en la Universidad de Granada y me especialicé en lengua y literatura búlgara. Es por esto por lo que me mudé a Sofía en 2016 y me quedé hasta finales de 2019. 

Pasé tres años en Sofía, un período en el que tuve la oportunidad de conocer mejor vuestra cultura, pero también la literatura. En 2018 conocí el movimiento literario búlgaro Nueva Poesía Social y en mayo de 2020 me propusieron unirme al equipo de la redacción de la revista. Actualmente vivo en España y trabajo como profesor online de español y búlgaro para extranjeros pero a pesar de la distancia mantengo el contacto con el país y continúo leyendo literatura búlgara contemporánea.

Ahora me encuentro terminando la traducción de otros tres poemarios de autores búlgaros y estoy releyendo la novela de Vutimski “Los ojos que lloran”. Espero muy pronto que la prosa de Vutimski vea la luz en español. 


¿Qué le deseas a los jóvenes de tu edad de nuestra ciudad?

Que se interesen por la literatura extranjera, así como por la de su tierra. Cuando estaba en Sofía, lejos de mis raíces, empecé a apreciar la literatura, la música y las tradiciones de mi país. También les deseo que sean ellos mismos y que no cedan ante los prejuicios ajenos.



En la publicación original del periódico ha sido eliminada, curiosamente, la mención que hago en la primera respuesta de que "Vutimski es uno de los primeros autores búlgaros en tratar la temática homoerótica". Evidentemente, ha sido una decisión de la redacción basada más en criterios morales que de estilo.

 

Más sobre Vutimski:

 

- Aleksandar Vutimski: El poeta azul

- El muchacho azul, libro de Aleksandar Vutimski

 

miércoles, 11 de marzo de 2020

Hablamos con el autor de "Hostal Europa" sobre su libro y la realidad de Bulgaria



Sofía, Bulgaria. Octubre de 2014. Desde hace un tiempo, el antiguo barrio judío es más conocido como la pequeña Beirut. Alrededor de la sinagoga, la mezquita y el Mercado de las Mujeres se concentra buena parte de la comunidad árabe, refugiados, e inmigrantes indocumentados que procuran traficantes de confianza que les ayudan a salir ilegalmente de Bulgaria. Mientras tanto, hacinados y en pésimas condiciones, se resguardan y esconden de la policía en algún edificio abandonado u hostal de poca monta.



Además del pasado que arrastran, todos se topan de frente con una situación económica, social y política en Bulgaria y Europa que les es adversa y con un sistema de asilo desbordado. Algunos de los huéspedes del hostal lo llaman Hostal Europa porque, según ellos, es una metáfora de la Europa que conocen nada más pisar territorio búlgaro; una Unión Europea en crisis y más preocupada por blindar sus fronteras y protegerse de la amenaza yihadista que de integrar a los refugiados y aplicar la legislación relativa a los derechos humanos.

 
Hostal Europa, de José Antonio Sánchez Manzano, ha sido premiado recientemente por la Asociación de Periodistas Hispanohablantes de Bulgaria en su concurso periodístico anual “Mundos y Colores”.

José Antonio Sánchez Manzano (1980) es periodista y fotógrafo independiente español de vocación tardía. Apasionado desde joven a viajar y a la gastronomía. Al terminar sus estudios de periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos en 2010, realizó cursos de especialización en periodismo literario (Madrid) y fotoperiodismo (Río de Janeiro y Bosnia-Herzegovina). Ha vivido en países tan dispares como Portugal, Italia, Brasil, Bulgaria y Países Bajos, y trabajado en Honduras, Inglaterra y en buena parte de la península balcánica.
 
Desde el año 2011 su trabajo como periodista se ha centrado en la crónica literaria y el reportaje fotográfico. Siempre ha estado especialmente interesado en temáticas sociales, en la investigación a través de historias personales y en conocer y dar voz a los colectivos e individuos más desfavorecidos.
 
Entre finales de 2013 y mediados de 2016 se dedicó casi exclusivamente a documentar el flujo de inmigrantes que entraron en Europa a través de Bulgaria y los Balcanes. Durante este tiempo su trabajo ha sido publicado en Alemania, Suiza, Italia y, principalmente, en Bulgaria (TEMA, Dnevnik) y España (FronteraD, La Vanguardia, Zazpika, etc.).
 
Además de en el área del reporterismo, ha trabajado durante años en el mundo de la hostelería y en logística y servicio de atención al cliente. Actualmente está centrado en llevar a cabo proyectos documentales y reportajes escritos y fotográficos de largo aliento con la remota y ligera esperanza de que ayuden a cambiar en algo la pequeña porción de la realidad que reflejan.
 
Hola José Antonio, estuviste viviendo en Bulgaria desde agosto de 2011 hasta junio de 2016. ¿Por qué decidiste venirte aquí a vivir? ¿Qué te hizo alargar tu estancia?
 
A mediados de 2009 comencé una relación sentimental con una mujer búlgara. Vivíamos en Madrid cuando a ella la ofrecieron un trabajo en Sofia. La situación por entonces en España era muy difícil. Encontrar un empleo digno se había convertido en una misión casi imposible y en Bulgaria había muchas multinacionales que continuamente reclutaban personas que supieran idiomas. Además, acababa de terminar un curso de periodismo literario y se me abría un mundo desconocido con multitud de historias por descubrir y narrar.
 
A finales de 2012 la relación con mi expareja terminó, pero, después de dejar mi trabajo y viajar durante dos meses y medio por la península balcánica, decidí alargar mi estancia en Bulgaria algunos meses. Cuando parecía que mis días en Bulgaria estaban contados, hice un viaje al campo de refugiados de Harmanli y el creciente flujo de migrantes que entró en Europa a través de Bulgaria, lo cambiaron todo.
 
¿Qué es lo primero que te llamó la atención? Háblanos un poco de tus impresiones, tanto positivas como negativas, del país.
 
En primer lugar, la belleza de su entorno natural. Antes de llegar para quedarme y comenzar a trabajar, viajé a Rila y al sur del mar Negro y la verdad es que me impresionaron mucho. Al principio la gente me pareció más fría y distante de lo que estaba acostumbrado. Sin embargo, poco a poco me fui dando cuenta de que no son tan distintos a los españoles. Tienen un punto muy parecido a la gente del norte, en el sentido de que, en general, son más nacionalistas, conservan sus tradiciones y pueden parecer bruscos, pero una vez te ganas su confianza son gente muy noble y cercana.
 
Desigualdades hay en todos los países, pero aquí me llamaron la atención más que en ningún otro país de Europa que haya conocido. De hecho, no me pareció muy diferente a la desigualdad que pude conocer en Latinoamérica. La comida me cautivó, me parece excepcional y de una gran variedad. De hecho, la primera frase completa que aprendí a decir fue: Vsichko e mnogo vkusno!
 
¿Cómo fue el proceso de integración en el país? ¿Te costó mucho aprender el idioma?
 
Los primeros meses pensé que nunca podría aprender búlgaro, pero una vez aprendes el alfabeto cirílico es todo más fácil. De hecho, después de viajar a Hungría, Grecia y Turquía, el idioma búlgaro no me pareció tan difícil. Además, se dieron varias circunstancias que hicieron que mi adaptación y aprendizaje del idioma fueran más rápidos. En mi trabajo era el único extranjero en un departamento de más de 50 personas. Con la familia de mi expareja no me quedaba otra que escuchar e intentar chapurrear en búlgaro. Y empecé un curso de búlgaro en el Instituto Cervantes que me ayudó mucho. A los pocos meses me sentía bastante integrado. El abuelo de mi expareja, después de cuatro o cinco brindis con rakia durante las cenas de los fines de semana solía decir: “Este español bebe y brinda como un búlgaro”.
 
Estuviste trabajando como periodista freelancer durante 3 años. En pleno comienzo de la crisis de refugiados estabas viviendo en Bulgaria y decidiste hacer una investigación sobre los refugiados en Bulgaria. ¿Por qué te decantaste por escribir Hostal Europa?
 
A finales del año 2013 viajé al campo de refugiados de Harmanli, cerca de la frontera con Turquía. Me impresionaron las malas condiciones de esa antigua base militar abandonada. Miles de personas se encontraban encerradas sin apenas consultas médicas, con frío, malos olores y suciedad por todos lados.
 
Desde ese momento decidí que me dedicaría a intentar ayudar como voluntario atendiendo a personas en situación vulnerable, y como periodista investigando y documentando las vidas de estas personas para mostrar de una manera amplia y precisa unos acontecimientos que eran nuevos en Bulgaria y que llegaban en un momento político bastante complicado.
 
No acostumbrada a grandes flujos migratorios, Bulgaria se vio en cuestión de meses en medio del mayor éxodo que se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial. Y claro, el sistema de asilo se encontraba falto de recursos y desbordado. Paradójicamente, pasaron de tener una valla para evitar la huida de ciudadanos del bloque del Este a construir otra nueva para contener la entrada en Europa de miles de personas llegadas principalmente de Oriente Medio.
Este y otros asuntos relacionados con la realidad migratoria eran muy difíciles de incluir en reportajes y crónicas de 800 o 1000 palabras. Por eso me decidí a escribir un libro, para intentar dar a conocer una porción de la realidad en toda su complejidad. Y, con humildad, creo haberlo conseguido. Aunque esto es algo que deberían de decir los lectores.
 
Hostal Europa cuenta historias personales de refugiados que vienen hacia Europa buscando una vida mejor y huyendo de la guerra que arrasa con sus países. Todas las historias son únicas y cada drama es incomparable. Pero ¿podrías contarnos alguna historia impactante?
 
Los cuatro personajes principales viven situaciones muy complicadas en Bulgaria y cargan a sus espaldas historias muy duras. Alrededor del Mercado de las Mujeres y Halite, a cientos de jóvenes indocumentados se les suma la inseguridad de poder ser enviados de vuelta a un centro cerrado en cualquier momento.
 
Recuerdo un día que caminando por la calle Zar Simeón, me crucé con un joven afgano que se alojaba en el Hostal Europa. En su día me contó que había sido detenido intentando cruzar ilegalmente la frontera entre Bulgaria y Serbia y, después de varios días encerrados, fue enviado de vuelta a Sofia sin su hermano de 14 años al que no veía desde entonces. Estaba obsesionado con la idea de llegar a Alemania sin dejar registradas sus huellas dactilares en el sistema Eurodac. Me decía que quería ir a un médico que le hiciera una cirugía láser o algo por el estilo, pero que no podía al no tener papeles ni todo el dinero que cuesta.
 
Con tono y actitud desesperada, me aseguraba que la única solución que se le ocurría era cortarse la yema de los dedos. Me lo decía mientras me mostraba una cuchilla de afeitar y un bote de agua oxigenada que acababa de comprarse. ¡El tipo iba en serio! Tres días después volvió a intentar cruzar la frontera. Le perdí el rastro y desconozco si ha día hoy estará en Alemania y si habrá conservado la yema de sus dedos intactas. 


En general vivimos un momento de receso en Europa en cuanto a valores humanos y el discurso xenófobo está instalado en gran parte de la sociedad europea. Lo podemos ver no solo con el discurso de Trump en EEUU sino que también está presenta España con el ascenso de un partido xenófobo y de extrema derecha como VOX. ¿Cómo valoras este panorama social?
 
Me parece preocupante la facilidad con la que determinados discursos pueden ser aceptados y respaldados por una parte de la sociedad. Puede entenderse que la gente esté molesta por la situación económica y social y, que haya perdido la fe en las instituciones, pero buscar culpables en las personas más vulnerables o en aquellos que piensan y se sienten diferentes me parece una grave irresponsabilidad. Estas personas y partidos que describes están sabiendo utilizar muy bien el descontento popular para legitimar el discurso de la confrontación y la crispación. Y en este discurso, el inmigrante constituye ese riesgo común que, según ellos, pone en peligro los cimientos de nuestra sociedad. Eso sí, a los corruptos e ineptos no tienen por costumbre nombrarlos.
 
Bulgaria es tierra de emigrantes. Durante la época de dominio otomano miles y miles de búlgaros emigraron hacia Besarabia. También fue tierra que recibió inmigrantes judeoespañoles. Y desde la llegada de la democracia la emigración de búlgaros ha ido aumentando catastróficamente. ¿Qué diferencia hay entre el que emigra buscando trabajo con un pasaporte en regla y el que emigra huyendo de la guerra sin pasaporte?
 
El dinero y los contactos. Creo que en Occidente no se rechaza o criminaliza tanto al inmigrante o refugiado en sí, sino al que es pobre y débil. Por ejemplo, en España ha habido casos de futbolistas muy famosos que han sido juzgados y en algunos casos condenados, y había gente esperándolos en la puerta de los tribunales para aclamarlos y pedirles un autógrafo. Sin embargo, a aquellos que son humildes, que huyen de sus hogares y viajan con todo lo que tienen para labrarse un futuro en otro lugar, no se les da la oportunidad y se les acusa de venir a delinquir o a “vivir del cuento”. No me parece justo. Habrá de todo, pero generalizar y repetir este tipo de mensajes constantemente es peligroso.
 
Comparar un contexto político y social como el de la Bulgaria otomana con la actualidad tiene sus limitaciones, pero no está mal recordar que miles de búlgaros emigraron en masa hacia la actual Ucrania y Moldavia. Como me dijo una vez un búlgaro nacionalista: “es que ellos (los refugiados) no son cristianos”. ¿Dónde está la memoria histórica? ¿Está la religión por encima de los valores humanos?
 
Lo mismo podría decirse de España. Desde siempre hemos sido un país de emigrantes. En Bulgaria, el tema de la religión es desde hace mucho tiempo un tema sensible. El renacimiento moderno búlgaro se forjó en la lucha contra el dominio del imperio otomano.
 
Aun así, si comparamos el número de solicitantes de asilo que ha recibido Bulgaria es muy inferior al de otros países. Creo que una de las claves para atajar este problema en Europa y que la religión no se convierta en un instrumento para dividir y sí para ayudar en la convivencia y la tolerancia es la educación en los valores cívicos y derechos humanos. Quizá sea fácil decirlo e incluso utópico, pero es por ahí por donde se tiene que empezar.
 
El panorama político búlgaro es singular. El eje izquierda/derecha y progresismo/conservadurismo siguen una lógica bien distinta. Debido a la dictadura estalinista y a la tradición autoritaria en la izquierda del país, ser de izquierdas no es visto como sinónimo de progresista. ¿Cómo valoras el panorama político búlgaro en comparación con el español?
 
Creo que el panorama político búlgaro es singular incluso para los propios búlgaros. A muchos colegas y amigos búlgaros les cuesta entender o explicar ciertas anomalías que se dan en el sistema político búlgaro. Por ejemplo, que organizaciones y partidos políticos ecologistas y gente que se considera progresista voten a partidos de derecha y que el voto conservador pertenezca a la izquierda. Como me explicara en su día el politólogo y profesor universitario Kiril Avramov, este hecho tiene su origen en la transición del comunismo a la economía de mercado. En la actualidad, el BSP y organizaciones de izquierda, ligadas al antiguo establishment, representan el pasado. Sin embargo, partidos liberales pro Occidente se erigieron como la única alternativa para que los búlgaros alcancen la libertad y la prosperidad de las que “el comunismo les privó durante décadas”.
 
Recuerdo que, entre 2013 y 2014, los búlgaros salieron a la calle en mayor o menor número para protestar por el gobierno que se formó tras la dimisión del ejecutivo de Boiko Borisov y las posteriores elecciones. Entre las muchas cosas que escuché durante ese año, había una que se repetía con mucha frecuencia: “En Turquía, el partido comunista está prohibido. Sin embargo, aquí son los turcos y los comunistas los que gobiernan; ¿por qué apoya Ataka en el Gobierno a los turcos si los odia?, o ¿qué sentido tiene la unión de un partido proeuropeo como el DPS con otro que quiere estrechar los lazos con Rusia como es el BSP?”. Esas eran algunas de las preguntas sin respuesta que provocaron la exacerbación de una buena parte de los sofiotas que acudían a diario a la plaza de la Asamblea Nacional.
 
Bulgaria es, por lo general, un país conservador y el racismo y la xenofobia están instalados en el discurso político. ¿Cómo podemos cambiar esto? Precisamente formaciones políticas como ATAKA y el Partido Socialista Búlgaro recurren a argumentos populistas para defender lo búlgaro frente a lo extranjero.
 
De nuevo, el único modo que se me ocurre para cambiarlo es con leyes y educación.
Hay una cosa que explico en el libro Hostal Europa y que me resulta llamativa. Debido a su situación geográfica, Bulgaria ha sido históricamente un importante lugar de tránsito comercial y cruce de culturas. A pesar de ello, la relación del país con los extranjeros podría definirse, cuanto menos, de particular y, en ocasiones, poco fluida. Durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX, bajo el abrigo de la URSS, la inmigración fue un tema fuertemente controlado y regulado. Fue en los años setenta cuando gente de Oriente Medio y diversos países centroamericanos, africanos y asiáticos de la misma línea ideológica llegaron para estudiar o trabajar, y algunos acabaron por quedarse y establecer aquí su hogar. Es decir, están relativamente acostumbrados a que, de una manera u otra, la gente pase por allí, pero no a que se queden y a convivir con ellos.
 
Esto llevado al plano político, puede dar lugar a situaciones de discriminación y mensajes que fomenten la confrontación con las distintas minorías del país, incluyendo los inmigrantes y refugiados.
 
Sin embargo, no diría que, en general, en el discurso social y político búlgaro esté instalada la xenofobia y el racismo. No digo que no exista y puedan verse repetidamente episodios de este tipo, pero creo que se trata más de una minoría que hace mucho ruido y a la que se le da mucha publicidad. Principalmente porque saben explotar el discurso emocional, como en el caso de los jubilados que reciben una mísera pensión.
 
Durante el tiempo que viví allí lo que sí sentí es que, influenciados por sus circunstancias históricas, en general, los búlgaros y búlgaras se preocupan con ahínco por conservar sus tradiciones y su cultura. Es como que tienen menos arraigada la costumbre que tenemos en Europa occidental de interesarnos y adoptar elementos culturales de otros países, como en el caso de Estados Unidos. Aunque en las grandes ciudades, por no decir sólo Sofia, creo que poco a poco está cambiando. 


jueves, 19 de julio de 2018

Entrevista: hablamos con Marta, la "Mamá española en Bulgaria"


Mamá española en Bulgaria es un blog en español con información sobre la cultura y tradiciones de Bulgaria, así como las experiencias de una española que lleva viviendo en Bulgaria desde hace 9 años. Marta es un referente de la cultura búlgara en el mundo hispanohablante y a su blog acuden muchas personas que por alguna u otra razón quieren conocer un poco más sobre Bulgaria. Pero, ¿quién está detrás de este proyecto? ¿Quién es la mamá española en Bulgaria?

¿Cuándo llegaste a Bulgaria y por qué tomaste esa decisión?

Llegué a Bulgaria hace algo más de nueve años. El por qué no tiene mucho misterio, mi marido es búlgaro y simplemente era cuestión de elegir, o su país o el mío. Nos decantamos por Bulgaria porque él es hijo único, sus padres se van haciendo mayores y no tienen a nadie más, mientras que los míos tienen otros cinco hijos y no se quedarán solos (o eso pensaba yo, porque ahora sólo me quedan dos hermanos en España).

Realmente no vine a ciegas, porque antes de mudarme a Sofía pasé cuatro años viniendo cada verano, Navidad y Semana Santa, y ya sabía con qué me iba a encontrar.

¿Qué es lo primero que más te chocó y lo que más te gusto? ¿Tu primera impresión más sincera del país?

Me chocó el tarator (sopa fría de yogur y pepino), y mucho. Tardé años en acostumbrarme. Confieso que me sigue pareciendo raro, aunque en verano hago al menos un litro a diario porque es muy refrescante.

Lo que más me gustó y me sigue gustando, probablemente la comida. La gastronomía búlgara es muy variada, hay para todos los gustos, y ya que comemos varias veces al día, tiene su importancia poder disfrutarlo en vez de sufrirlo.

Mi primera impresión fue que los búlgaros parecían muy acogedores porque en todas partes me recibían bien, y una década después, igual. Siendo realista, imagino que ser blanca, española, y estar casada con uno de los suyos ayudó. Si hubiera sido, por decir algo, de tez oscura y de algún país de África u Oriente Medio, no sé si me hubiera integrado tan rápidamente.

Llevas ya nada menos que 9 años en el país, estás completamente integrada y tienes amigos búlgaros. ¿Había por entonces españoles en Bulgaria? ¿Conociste a otras personas en tu situación?

Sinceramente, imagino que algún español habría en aquella época, pero no lo sé porque no los busqué. Lo hice a propósito, para obligarme a aprender búlgaro y a relacionarme con búlgaros, sabiendo que si encontraba españoles me acomodaría y quizá no me esforzaría tanto en aprender el idioma. Nada motiva tanto como una ligera desesperación controlada.

Creo que pasé unos seis o siete años sin ver ni un solo hispanohablante aquí, y cuando empecé a conocer a alguno fue porque me buscaban ellos a mí, no yo a ellos.


Tu blog tiene muy buen posicionamiento en internet y tu público es bastante agradecido y suele recibir muy bien tus posts. Cuando empezaste con el blog, ¿esperabas llegar a los 7000 seguidores en facebook? ¿Cómo has asimilado esa fama?

No me lo esperaba ni de lejos. Creo que al principio funcionó un poco por el “boca a boca”, y gracias a los lectores que compartían mis publicaciones fueron llegando otros. En España hay muchísimos búlgaros, que a su vez tienen amigos y familia, y supongo que les gusta leer cosas de su país y poder compartirlas con sus amigos españoles. También hay búlgaros que han crecido fuera de Bulgaria y muchos descendientes de búlgaros en Latinoamérica, que están muy interesados en leer sobre gastronomía búlgara, lugares y tradiciones.

Por otro lado no hay demasiada información en Internet sobre Bulgaria en español, y cuando alguien busca algo en Google sobre el tema, suele acabar en mi blog (o en el tuyo).

Realmente esa “fama”, como dices, se debe en gran parte a los lectores, porque un blog no es nada sin sus lectores. Ya es un signo de aprobación que lean y que comenten, pero que compartan lo que escribes ya el mayor premio que puede recibir un blogger, porque significa que les encanta. Eso es lo que da energías para seguir adelante en los días malos, cuando uno tiene ganas de cerrar el blog.

Hablando ahora de tus seguidores, ¿has tenido algunas experiencias desagradables con haters? En un post comentabas algunas de las cosas más extrañas que habías recibido por mail. ¿Algún anécdota desagradable que compartirnos? ¿Y el mensaje más motivador?


Yo creo que todo blogger tiene haters, pero por suerte, en mi caso recibo cientos de mensajes positivos por cada troll que asoma la nariz. Antes les respondía, ahora ya he aprendido a aplicar el famoso “Don’t feed the troll” y les ignoro, y en casos extremos, bloqueo. Lo gracioso es que suelen ser muy cobardes y atacan más en privado que en público. Cuando lo hacen en público yo no tengo que hacer nada, porque suelen ser otros lectores los que les bajan los humos.

La mayoría de lectores son gente muy maja, me dan mucho feedback que me ayuda a corregir errores y a ver qué gusta y qué no, aportan más datos que puedo añadir a los artículos, me dan ideas para futuros post… A muchos ya les conozco por el nombre, de verlo a menudo.

Mensajes motivadores… es difícil elegir solo uno. Una vez me escribió una niña de 12 años, búlgara pero nacida en España, que hacía un trabajo escolar sobre su desconocido país de origen. También me escriben familias que han adoptado niños búlgaros y quieren enseñarles cosas sobre su país de origen o venir de vacaciones… Otras veces son turistas que han regresado de Bulgaria y me escriben para contarme lo mucho que les ha gustado el país, o búlgaros agradecidos porque doy a conocer su país. Todos estos mensajes los tengo guardados.
Mantienes a salvo tu anonimato, y como los lectores habrán notado en esta entrevista no hay ninguna foto tuya. ¿Alguna vez te han recriminado esta actitud? ¿Te ocultas por algún motivo concreto? Normalmente a los seguidores de una página les gusta saber quién está detrás de ella, ¿qué le dirías a aquellos seguidores a los que les gustaría saber un poco más de tí?

Mantengo el anonimato por varios motivos. En primer lugar, yo no soy nadie especial, aquí lo que importa es dar a conocer Bulgaria, no a mi. Y por otro lado, una vez que algo se publica en Internet (una foto, datos personales) se pierde el control sobre esa información, y realmente no veo la necesidad de que haya datos sobre mi pululando por ahí.

Sobre todo cuando tengo trolls especialmente malos agradezco mucho este anonimato.

Creo que en el entorno blogger actual hay una sobreexposición brutal, hay gente que no se guarda nada, y aunque obviamente cada uno puede hacer lo que quiera, yo no quiero ser así porque me parece imprudente e innecesario.

Por suerte la mayoría de mis lectores son muy razonables y yo creo que entienden y respetan que mantenga el anonimato.




La Tortuga Búlgara y la Mamá Española en Bulgaria
¿Con qué frecuencia vuelves a España? ¿En casa en qué idioma habláis? ¿catalán, español o búlgaro? ¿Viene tu familia a menudo a visitarte?

Voy a España una vez cada año o año y medio, aunque últimamente he ido con más frecuencia porque a mis hermanos les ha dado por casarse uno detrás de otro, con pocos meses de diferencia.

En casa hablamos español y búlgaro: mi marido les habla a los niños en búlgaro, yo en castellano, y entre nosotros español aliñado con términos búlgaros. Mi hija mayor habla ambos idiomas a la perfección, y cuando viajamos a Barcelona va aprendiendo catalán.

Me han visitado mi madre y dos hermanas, el resto aún no, están repartidos por todo el mundo.

¿Has pensado en solicitar la nacionalidad búlgara? ¿Piensas quedarte aquí para siempre?

Alguna vez he pensado en solicitar la nacionalidad búlgara, sí, pero España no admite la doble nacionalidad, y no estoy dispuesta a renunciar a la española, así que de momento me quedo como estoy. Si en algún momento es posible, me gustaría ser búlgara además de española, por supuesto. Y sí, en principio la idea es quedarme para siempre.

Respecto al idioma, veo que lo hablas y escribes bastante bien. ¿Cómo fue el proceso de aprendizaje? ¿Qué te costó más? ¿Qué aspecto destacarías del idioma a la hora de su aprendizaje, en general y para un español?

Con el búlgaro ya me defiendo y eso me hace sentir mucho más cómoda en Bulgaria. Empecé haciendo tres cursos en la Universidad de Sofía, y una vez tuve la base de gramática ya fue cuestión de practicar: hablar, leer y ver la tele en búlgaro. Pero aún me queda mucho por aprender, sin duda. Probablemente seguiré aprendiendolo toda mi vida.

Lo que más me costó, y de hecho me sigue costando, son los verbos y las preposiciones.

Algo que facilita el aprendizaje del búlgaro para hispanohablantes es que se pronuncia tal como se escribe, y los sonidos que no existen en español no son complicados si sabes otros idiomas que los tengan (en mi caso, inglés y catalán). Y lo dificulta el hecho de que es una lengua eslava, que no tiene nada que ver con una lengua latina. En cambio el alfabeto, que es lo que más asusta al principio, no es un gran problema: son sólo 30 símbolos y se pueden aprender rápido. Obviamente no es un idioma imposible de aprender, simplemente a los españoles nos cuesta y hay que estar dispuesto a estudiar mucho al principio.

¿Algo a lo que todavía no te hayas acostumbrado? ¿Cómo fue hacer amistades aquí? Ahora que hablas el idioma no debe ser problema, ¿y cuando no lo hablabas?

No sé hasta qué punto estoy integrada, pero lo cierto es que cuando voy a España me siento extraña; me gusta, pero cada vez se parece menos a "volver a casa", ahora mi casa es Bulgaria.

A lo que aún no me he acostumbrado, y no sé si llegaré a hacerlo, es al frío que hace aquí en invierno. Soy muy friolera y lo paso muy mal de octubre a marzo. Algún año hemos estado a 20 bajo cero, y con esas temperaturas salir de casa es una tortura china para mí.

No me costó hacer amistades al llegar, porque mi marido es muy sociable y tiene muchos amigos, y cuando llegamos a Bulgaria estaban todos como él: recién casados, con niños... Así que pronto estuve rodeada de jóvenes familias en situación parecida a la nuestra. Al principio nos entendíamos en inglés, pero pronto empezaron a hablarme en búlgaro explicandome lo que no entendía, y así fui aprendiendo. Si realmente te quieres comunicar, el idioma no es una barrera tan grande, pero hay que estar dispuesto a ser humilde, preguntar lo que no sabes, aceptar correcciones y hacer el ridículo a veces.

Sobre tu trabajo, ¿a qué te dedicas exactamente?

Trabajo en la radio nacional, principalmente traduciendo las noticias y reportajes del búlgaro al español para la página web de la emisora y a veces haciendo entrevistas. Me gusta mucho mi trabajo, porque me permite seguir aprendiendo a diario el idioma y también historia, cultura, política, costumbres y tradiciones de Bulgaria.

La palabra que más te gusta y la que más te cuesta pronunciar.

Me encanta la palabra "palachinki" (creps), por alguna razón me parece muy gracioso cómo suena y además también me gusta mucho comerlos.

Y me cuesta muchísimo pronunciar la palabra más larga que existe en búlgaro, "НЕПРОТИВОКОНСТИТУЦИОНСТВУВАТЕЛСТВУВАЙТЕ" (que significa algo así como "no atentes contra la constitución") de una sentada. Por partes sí, pero todo seguido ¡soy incapaz! 


¿Qué pasará con tu blog en el futuro? ¿Lo piensas dejar en algún momento?


Eso de dejarlo lo digo cuando me agobio mucho, cuando algún cretino me plagia contenido o cuando tengo trolls especialmente puñeteros. Es complicado mantener un blog cuando casi todo el tiempo se lo dedico al trabajo y a la familia, por eso suelo dejarlo para la noche.

Lo que hago cuando veo que no llego a todo es bajar un poco el ritmo. Por ejemplo, antes publicaba varios post por semana, luego pasé a uno semanal, y ahora dos al mes. Mejor dos con un poco de cara y ojos que muchos escritos de prisa y mal. ¿Qué prisa hay? No tengo a ningún editor presionandome con plazos de entrega, aunque creo que la regularidad es importante para no descolocar a los lectores.
En principio no tengo planes de dejar el blog, porque me gusta escribir y aprendo mucho mientras me documento para nuevos artículos.

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