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miércoles, 11 de marzo de 2020

Hablamos con el autor de "Hostal Europa" sobre su libro y la realidad de Bulgaria



Sofía, Bulgaria. Octubre de 2014. Desde hace un tiempo, el antiguo barrio judío es más conocido como la pequeña Beirut. Alrededor de la sinagoga, la mezquita y el Mercado de las Mujeres se concentra buena parte de la comunidad árabe, refugiados, e inmigrantes indocumentados que procuran traficantes de confianza que les ayudan a salir ilegalmente de Bulgaria. Mientras tanto, hacinados y en pésimas condiciones, se resguardan y esconden de la policía en algún edificio abandonado u hostal de poca monta.



Además del pasado que arrastran, todos se topan de frente con una situación económica, social y política en Bulgaria y Europa que les es adversa y con un sistema de asilo desbordado. Algunos de los huéspedes del hostal lo llaman Hostal Europa porque, según ellos, es una metáfora de la Europa que conocen nada más pisar territorio búlgaro; una Unión Europea en crisis y más preocupada por blindar sus fronteras y protegerse de la amenaza yihadista que de integrar a los refugiados y aplicar la legislación relativa a los derechos humanos.

 
Hostal Europa, de José Antonio Sánchez Manzano, ha sido premiado recientemente por la Asociación de Periodistas Hispanohablantes de Bulgaria en su concurso periodístico anual “Mundos y Colores”.

José Antonio Sánchez Manzano (1980) es periodista y fotógrafo independiente español de vocación tardía. Apasionado desde joven a viajar y a la gastronomía. Al terminar sus estudios de periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos en 2010, realizó cursos de especialización en periodismo literario (Madrid) y fotoperiodismo (Río de Janeiro y Bosnia-Herzegovina). Ha vivido en países tan dispares como Portugal, Italia, Brasil, Bulgaria y Países Bajos, y trabajado en Honduras, Inglaterra y en buena parte de la península balcánica.
 
Desde el año 2011 su trabajo como periodista se ha centrado en la crónica literaria y el reportaje fotográfico. Siempre ha estado especialmente interesado en temáticas sociales, en la investigación a través de historias personales y en conocer y dar voz a los colectivos e individuos más desfavorecidos.
 
Entre finales de 2013 y mediados de 2016 se dedicó casi exclusivamente a documentar el flujo de inmigrantes que entraron en Europa a través de Bulgaria y los Balcanes. Durante este tiempo su trabajo ha sido publicado en Alemania, Suiza, Italia y, principalmente, en Bulgaria (TEMA, Dnevnik) y España (FronteraD, La Vanguardia, Zazpika, etc.).
 
Además de en el área del reporterismo, ha trabajado durante años en el mundo de la hostelería y en logística y servicio de atención al cliente. Actualmente está centrado en llevar a cabo proyectos documentales y reportajes escritos y fotográficos de largo aliento con la remota y ligera esperanza de que ayuden a cambiar en algo la pequeña porción de la realidad que reflejan.
 
Hola José Antonio, estuviste viviendo en Bulgaria desde agosto de 2011 hasta junio de 2016. ¿Por qué decidiste venirte aquí a vivir? ¿Qué te hizo alargar tu estancia?
 
A mediados de 2009 comencé una relación sentimental con una mujer búlgara. Vivíamos en Madrid cuando a ella la ofrecieron un trabajo en Sofia. La situación por entonces en España era muy difícil. Encontrar un empleo digno se había convertido en una misión casi imposible y en Bulgaria había muchas multinacionales que continuamente reclutaban personas que supieran idiomas. Además, acababa de terminar un curso de periodismo literario y se me abría un mundo desconocido con multitud de historias por descubrir y narrar.
 
A finales de 2012 la relación con mi expareja terminó, pero, después de dejar mi trabajo y viajar durante dos meses y medio por la península balcánica, decidí alargar mi estancia en Bulgaria algunos meses. Cuando parecía que mis días en Bulgaria estaban contados, hice un viaje al campo de refugiados de Harmanli y el creciente flujo de migrantes que entró en Europa a través de Bulgaria, lo cambiaron todo.
 
¿Qué es lo primero que te llamó la atención? Háblanos un poco de tus impresiones, tanto positivas como negativas, del país.
 
En primer lugar, la belleza de su entorno natural. Antes de llegar para quedarme y comenzar a trabajar, viajé a Rila y al sur del mar Negro y la verdad es que me impresionaron mucho. Al principio la gente me pareció más fría y distante de lo que estaba acostumbrado. Sin embargo, poco a poco me fui dando cuenta de que no son tan distintos a los españoles. Tienen un punto muy parecido a la gente del norte, en el sentido de que, en general, son más nacionalistas, conservan sus tradiciones y pueden parecer bruscos, pero una vez te ganas su confianza son gente muy noble y cercana.
 
Desigualdades hay en todos los países, pero aquí me llamaron la atención más que en ningún otro país de Europa que haya conocido. De hecho, no me pareció muy diferente a la desigualdad que pude conocer en Latinoamérica. La comida me cautivó, me parece excepcional y de una gran variedad. De hecho, la primera frase completa que aprendí a decir fue: Vsichko e mnogo vkusno!
 
¿Cómo fue el proceso de integración en el país? ¿Te costó mucho aprender el idioma?
 
Los primeros meses pensé que nunca podría aprender búlgaro, pero una vez aprendes el alfabeto cirílico es todo más fácil. De hecho, después de viajar a Hungría, Grecia y Turquía, el idioma búlgaro no me pareció tan difícil. Además, se dieron varias circunstancias que hicieron que mi adaptación y aprendizaje del idioma fueran más rápidos. En mi trabajo era el único extranjero en un departamento de más de 50 personas. Con la familia de mi expareja no me quedaba otra que escuchar e intentar chapurrear en búlgaro. Y empecé un curso de búlgaro en el Instituto Cervantes que me ayudó mucho. A los pocos meses me sentía bastante integrado. El abuelo de mi expareja, después de cuatro o cinco brindis con rakia durante las cenas de los fines de semana solía decir: “Este español bebe y brinda como un búlgaro”.
 
Estuviste trabajando como periodista freelancer durante 3 años. En pleno comienzo de la crisis de refugiados estabas viviendo en Bulgaria y decidiste hacer una investigación sobre los refugiados en Bulgaria. ¿Por qué te decantaste por escribir Hostal Europa?
 
A finales del año 2013 viajé al campo de refugiados de Harmanli, cerca de la frontera con Turquía. Me impresionaron las malas condiciones de esa antigua base militar abandonada. Miles de personas se encontraban encerradas sin apenas consultas médicas, con frío, malos olores y suciedad por todos lados.
 
Desde ese momento decidí que me dedicaría a intentar ayudar como voluntario atendiendo a personas en situación vulnerable, y como periodista investigando y documentando las vidas de estas personas para mostrar de una manera amplia y precisa unos acontecimientos que eran nuevos en Bulgaria y que llegaban en un momento político bastante complicado.
 
No acostumbrada a grandes flujos migratorios, Bulgaria se vio en cuestión de meses en medio del mayor éxodo que se recuerda desde la Segunda Guerra Mundial. Y claro, el sistema de asilo se encontraba falto de recursos y desbordado. Paradójicamente, pasaron de tener una valla para evitar la huida de ciudadanos del bloque del Este a construir otra nueva para contener la entrada en Europa de miles de personas llegadas principalmente de Oriente Medio.
Este y otros asuntos relacionados con la realidad migratoria eran muy difíciles de incluir en reportajes y crónicas de 800 o 1000 palabras. Por eso me decidí a escribir un libro, para intentar dar a conocer una porción de la realidad en toda su complejidad. Y, con humildad, creo haberlo conseguido. Aunque esto es algo que deberían de decir los lectores.
 
Hostal Europa cuenta historias personales de refugiados que vienen hacia Europa buscando una vida mejor y huyendo de la guerra que arrasa con sus países. Todas las historias son únicas y cada drama es incomparable. Pero ¿podrías contarnos alguna historia impactante?
 
Los cuatro personajes principales viven situaciones muy complicadas en Bulgaria y cargan a sus espaldas historias muy duras. Alrededor del Mercado de las Mujeres y Halite, a cientos de jóvenes indocumentados se les suma la inseguridad de poder ser enviados de vuelta a un centro cerrado en cualquier momento.
 
Recuerdo un día que caminando por la calle Zar Simeón, me crucé con un joven afgano que se alojaba en el Hostal Europa. En su día me contó que había sido detenido intentando cruzar ilegalmente la frontera entre Bulgaria y Serbia y, después de varios días encerrados, fue enviado de vuelta a Sofia sin su hermano de 14 años al que no veía desde entonces. Estaba obsesionado con la idea de llegar a Alemania sin dejar registradas sus huellas dactilares en el sistema Eurodac. Me decía que quería ir a un médico que le hiciera una cirugía láser o algo por el estilo, pero que no podía al no tener papeles ni todo el dinero que cuesta.
 
Con tono y actitud desesperada, me aseguraba que la única solución que se le ocurría era cortarse la yema de los dedos. Me lo decía mientras me mostraba una cuchilla de afeitar y un bote de agua oxigenada que acababa de comprarse. ¡El tipo iba en serio! Tres días después volvió a intentar cruzar la frontera. Le perdí el rastro y desconozco si ha día hoy estará en Alemania y si habrá conservado la yema de sus dedos intactas. 


En general vivimos un momento de receso en Europa en cuanto a valores humanos y el discurso xenófobo está instalado en gran parte de la sociedad europea. Lo podemos ver no solo con el discurso de Trump en EEUU sino que también está presenta España con el ascenso de un partido xenófobo y de extrema derecha como VOX. ¿Cómo valoras este panorama social?
 
Me parece preocupante la facilidad con la que determinados discursos pueden ser aceptados y respaldados por una parte de la sociedad. Puede entenderse que la gente esté molesta por la situación económica y social y, que haya perdido la fe en las instituciones, pero buscar culpables en las personas más vulnerables o en aquellos que piensan y se sienten diferentes me parece una grave irresponsabilidad. Estas personas y partidos que describes están sabiendo utilizar muy bien el descontento popular para legitimar el discurso de la confrontación y la crispación. Y en este discurso, el inmigrante constituye ese riesgo común que, según ellos, pone en peligro los cimientos de nuestra sociedad. Eso sí, a los corruptos e ineptos no tienen por costumbre nombrarlos.
 
Bulgaria es tierra de emigrantes. Durante la época de dominio otomano miles y miles de búlgaros emigraron hacia Besarabia. También fue tierra que recibió inmigrantes judeoespañoles. Y desde la llegada de la democracia la emigración de búlgaros ha ido aumentando catastróficamente. ¿Qué diferencia hay entre el que emigra buscando trabajo con un pasaporte en regla y el que emigra huyendo de la guerra sin pasaporte?
 
El dinero y los contactos. Creo que en Occidente no se rechaza o criminaliza tanto al inmigrante o refugiado en sí, sino al que es pobre y débil. Por ejemplo, en España ha habido casos de futbolistas muy famosos que han sido juzgados y en algunos casos condenados, y había gente esperándolos en la puerta de los tribunales para aclamarlos y pedirles un autógrafo. Sin embargo, a aquellos que son humildes, que huyen de sus hogares y viajan con todo lo que tienen para labrarse un futuro en otro lugar, no se les da la oportunidad y se les acusa de venir a delinquir o a “vivir del cuento”. No me parece justo. Habrá de todo, pero generalizar y repetir este tipo de mensajes constantemente es peligroso.
 
Comparar un contexto político y social como el de la Bulgaria otomana con la actualidad tiene sus limitaciones, pero no está mal recordar que miles de búlgaros emigraron en masa hacia la actual Ucrania y Moldavia. Como me dijo una vez un búlgaro nacionalista: “es que ellos (los refugiados) no son cristianos”. ¿Dónde está la memoria histórica? ¿Está la religión por encima de los valores humanos?
 
Lo mismo podría decirse de España. Desde siempre hemos sido un país de emigrantes. En Bulgaria, el tema de la religión es desde hace mucho tiempo un tema sensible. El renacimiento moderno búlgaro se forjó en la lucha contra el dominio del imperio otomano.
 
Aun así, si comparamos el número de solicitantes de asilo que ha recibido Bulgaria es muy inferior al de otros países. Creo que una de las claves para atajar este problema en Europa y que la religión no se convierta en un instrumento para dividir y sí para ayudar en la convivencia y la tolerancia es la educación en los valores cívicos y derechos humanos. Quizá sea fácil decirlo e incluso utópico, pero es por ahí por donde se tiene que empezar.
 
El panorama político búlgaro es singular. El eje izquierda/derecha y progresismo/conservadurismo siguen una lógica bien distinta. Debido a la dictadura estalinista y a la tradición autoritaria en la izquierda del país, ser de izquierdas no es visto como sinónimo de progresista. ¿Cómo valoras el panorama político búlgaro en comparación con el español?
 
Creo que el panorama político búlgaro es singular incluso para los propios búlgaros. A muchos colegas y amigos búlgaros les cuesta entender o explicar ciertas anomalías que se dan en el sistema político búlgaro. Por ejemplo, que organizaciones y partidos políticos ecologistas y gente que se considera progresista voten a partidos de derecha y que el voto conservador pertenezca a la izquierda. Como me explicara en su día el politólogo y profesor universitario Kiril Avramov, este hecho tiene su origen en la transición del comunismo a la economía de mercado. En la actualidad, el BSP y organizaciones de izquierda, ligadas al antiguo establishment, representan el pasado. Sin embargo, partidos liberales pro Occidente se erigieron como la única alternativa para que los búlgaros alcancen la libertad y la prosperidad de las que “el comunismo les privó durante décadas”.
 
Recuerdo que, entre 2013 y 2014, los búlgaros salieron a la calle en mayor o menor número para protestar por el gobierno que se formó tras la dimisión del ejecutivo de Boiko Borisov y las posteriores elecciones. Entre las muchas cosas que escuché durante ese año, había una que se repetía con mucha frecuencia: “En Turquía, el partido comunista está prohibido. Sin embargo, aquí son los turcos y los comunistas los que gobiernan; ¿por qué apoya Ataka en el Gobierno a los turcos si los odia?, o ¿qué sentido tiene la unión de un partido proeuropeo como el DPS con otro que quiere estrechar los lazos con Rusia como es el BSP?”. Esas eran algunas de las preguntas sin respuesta que provocaron la exacerbación de una buena parte de los sofiotas que acudían a diario a la plaza de la Asamblea Nacional.
 
Bulgaria es, por lo general, un país conservador y el racismo y la xenofobia están instalados en el discurso político. ¿Cómo podemos cambiar esto? Precisamente formaciones políticas como ATAKA y el Partido Socialista Búlgaro recurren a argumentos populistas para defender lo búlgaro frente a lo extranjero.
 
De nuevo, el único modo que se me ocurre para cambiarlo es con leyes y educación.
Hay una cosa que explico en el libro Hostal Europa y que me resulta llamativa. Debido a su situación geográfica, Bulgaria ha sido históricamente un importante lugar de tránsito comercial y cruce de culturas. A pesar de ello, la relación del país con los extranjeros podría definirse, cuanto menos, de particular y, en ocasiones, poco fluida. Durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX, bajo el abrigo de la URSS, la inmigración fue un tema fuertemente controlado y regulado. Fue en los años setenta cuando gente de Oriente Medio y diversos países centroamericanos, africanos y asiáticos de la misma línea ideológica llegaron para estudiar o trabajar, y algunos acabaron por quedarse y establecer aquí su hogar. Es decir, están relativamente acostumbrados a que, de una manera u otra, la gente pase por allí, pero no a que se queden y a convivir con ellos.
 
Esto llevado al plano político, puede dar lugar a situaciones de discriminación y mensajes que fomenten la confrontación con las distintas minorías del país, incluyendo los inmigrantes y refugiados.
 
Sin embargo, no diría que, en general, en el discurso social y político búlgaro esté instalada la xenofobia y el racismo. No digo que no exista y puedan verse repetidamente episodios de este tipo, pero creo que se trata más de una minoría que hace mucho ruido y a la que se le da mucha publicidad. Principalmente porque saben explotar el discurso emocional, como en el caso de los jubilados que reciben una mísera pensión.
 
Durante el tiempo que viví allí lo que sí sentí es que, influenciados por sus circunstancias históricas, en general, los búlgaros y búlgaras se preocupan con ahínco por conservar sus tradiciones y su cultura. Es como que tienen menos arraigada la costumbre que tenemos en Europa occidental de interesarnos y adoptar elementos culturales de otros países, como en el caso de Estados Unidos. Aunque en las grandes ciudades, por no decir sólo Sofia, creo que poco a poco está cambiando. 


domingo, 15 de octubre de 2017

Albania reconoce a la minoría búlgara

Albania reconoce en su nueva ley de minorías a la comunidad búlgara del país.

Rosen Plevneliev y Buyar Nishani en enero de 2014, en Albania
La comunidad búlgara en Albania es una de las comunidades búlgaras menos conocidas. Sin embargo, en las regiones de Golo Burdo (Голо бърдо), Mala Prespa (Мала Преспа) y Gora (Гора) hay búlgaros que viven desde hace cientos de años. En la época del Reino de Albania, hay documentos publicados de la Policía Secreta sobre la denominada población bulgarófona, que según los datos de entonces se trataría de unas 11.000 personas. Incluso en los años 30 del siglo pasado en la Conferencia de Estambul la delegación búlgara y albanesa acordaron aceptar a la minoría búlgara de Albania.


Una muestra del dialecto búlgaro de Albania


Con motivo del proyecto de ley de defensa de las minorías en Albania, preparado por el Gobierno del país, se ha reconocido como minorías a los búlgaros, entre otras nacionalidades como serbios y griegos.

En Albania hay más de 50.000 búlgaros, que desde el día 12 de octubre están reconocidos como una minoría oficial en el pequeño país balcánico.


Hay tres grandes asociaciones culturales búlgaras en Albania: la asociación Ivan Vazov de Tirana; la Hermandad Cultural Prosperitet Golo burdo, y el Club para la amistad y cooperación 24 de mayo.

También hay tres colegios búlgaros dominicales: el Colegio Hristo Botev de Tirana, así como otros dos en las ciudades de Korcha y Bilishta.

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lunes, 12 de enero de 2015

Entrevista a Labib Labaki





ENTREVISTA A LABIB LABAKI

 Entrevistamos a Labib Labaki (Fez, 1976). Labib es uno de los muchos marroquíes que vinieron a España a buscar trabajo sin demasiado éxito a pesar de conocer tres lenguas y obtener el visado español. Aunque guarda una buena imagen del pueblo español y la gente  se ha encontrado, aquí también,  formas veladas de racismo y una enterna burocracia.


"Un gobierno que pone cuchillas y vallas eléctricas en sus fronteras  es una vergüenza internacional y un atentado a los derechos humanos"


Tu viniste de Fez, de Marruecos y encontraste trabajo en Francia. Menos suerte tuviste en España. ¿Crees que pueden surgir nuevas posibilidades?. ¿Ves aumento del racismo y la explotación en estos países como consecuencia de la llamada "crisis"?

Bueno yo he llegado a España para mejorar mi situación económica y también porque veía un país cercano y democrático con mucha libertad de expresión. Per cuando llegas a España te encuentras con un país bastante burocrático. He llegado en el momento de la llamada "crisis". No hay un reparto justo del trabajo. Casi siempre hay preferencia por los trabajadores/as españoles.
Aunque los emigrantes y los de allí hemos sufrido de la misma forma esta recesión. Por eso estuve obligado a emigrar a Francia, porque hablo francés y hay más posibilidades de trabajar. Pero tuve que casarme para poder residir allí. Aunque tendrás la tarjeta de residencia española no te da el derecho a trabajar en Europa solo puedes trabajar en España. La crisis me ha conducido a todo esto. La verdad es que, a pesar de todo, he tenido la suerte de conocer a gente muy buena en España. Tengo mucho cariño por el país y los españoles pueden ser muy acogedores. El racismo se deriva de la falta de educación y cultura, de intercambios culturales para conocer mejor otros pueblos y sus voces orales o escritas.

Hay mucha literatura sobre Marruecos. Muchos escritores en busca de aventuras. Pero las costumbres y las leyes siguen reprimiendo a las minorías sexuales y a las mujeres en general .¿Sigues viendo matrimonios forzosos?

En realidad las tradiciones van evolucionando con el paso del tiempo, la cultura es testimonio de todo ello . Pero en los países árabes se están perpetuado estos sistemas involucionistas, perpetuados sobre todo por hombres pero también por mujeres. No es lo mismo  claro vivir en un pueblo que en una gran ciudad pero el peso derivado de las costumbres religiosas esta muy arraigado. La lengua facilita la comunicación con el prójimo y la integración en diferentes tipos de sociedades.


Los países árabes son vistos como zonas de intereses y conflictos. ¿Crees que hace falta una intervención real de la comunidad internacional para lograr la paz en Oriente Medio?

L.L: Para facilitar la paz en Oriente Medio hace falta que Europa y EEUU abandonen posiciones hipócritas ya legendarias. La política exterior es antidemocrática a pesar de lo que se predica. Es una democracia bastante restrictiva. Europa y EEUU ven a Oriente Medio como un lugar de lucro económico y posicionamientos estratégicos, haciendo, en la práctica poco por la paz, el entendimiento entre los pueblos  o la diversidad cultural. Los mercados de Oriente Medio siguen ofreciendo la posibilidad de comprar energías y petróleo muy baratos para el mundo occidental. Ahora mismo hay mucho racismo, temores, diferencias y enfrentamientos entre los pueblos, incluso dentro de un mismo país. Eso viene propiciado por la pasividad de las grandes potencias y sus intereses.

Un país que pone vallas eléctricas y cuchillas en Melilla es un país asustado. ¿Asustado de que?

Un gobierno que pone cuchillas y vallas eléctricas es una vergüenza internacional y un atentado a los derechos humanos. Mucha gente llega a Melilla huyendo de conflictos bélicos o buscando formas algo mas seguras de ganarse el pan. El gobierno de Mariano Rajoy no está por la labor de ayudar a nadie, ni siquiera a su propio pueblo, como estamos viendo. No tiene valores humanitarios ni escrúpulo alguno.

¿Que le pedirías a tu rey si pudieras?

Pues sencilla y llanamente que siguiera el ejemplo de monarquías como la española que llevan a una mayor democratización de la sociedad y hacia una mayor libertad.

Poesía búlgara contra la guerra: Un poema de Román Kissiov (1962) en búlgaro y en español

Roman Kissiov (Kazanlak, 1962) es poeta, artista y traductor de poesía. Se graduó de la Escuela Superior de Arte de su ciudad natal y de la ...