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lunes, 7 de octubre de 2019

¿Ha existido alguna vez el comunismo en Bulgaria? Por Svoboda Stanimirova

Os presento un artículo de la blogger y analista político-social búlgara Svoboda Stanimirova.

En su blog podéis encontrar artículos de tema político y social cercanos al anarcocomunismo, feminismo y ecologismo.

El artículo original podéis leerlo en búlgaro aquí.



¿Ha existido alguna vez el comunismo en Bulgaria?

Empecemos con la respuesta: No, en Bulgaria nunca ha existido el comunismo. En la Unión Soviética el sistema fue el capitalismo de estado. Es decir, la economía continúa funcionando según el principio del capitalismo, pero el capital es propiedad del estado.
Y el estado es controlado por un puñado de personas que supuestamente representan los intereses de la sociedad mientras lo que hacen en realidad es beneficiarse a sí mismos.

Cuando digo que continúa funcionando el principio del capitalismo me refiero a lo siguiente: el continuo aumento del capital, que es la principal característica del capitalismo. Así como todos los problemas filosóficos y sociales: como la enajenación del trabajador respecto producto que éste produce, la alienación, el control del trabajo reproductivo, etc.

Por esto existían la economía planificada, los planes quinquenales en tres años y la explotacion de granjeros y mineros así como la actitud hacia los recursos y la naturaleza y también los campos de concentración para anarcocomunistas, entre otras cosas.

Según Noam Chomsky incluso no ha existido socialismo en la Unión Soviética, aunque yo estoy totalmente de acuerdo con él, pues igualmente ha habido diferentes beneficios sociales de carácter socialista como sanidad, educación, pensiones, bibliotecas, sanatorios y otros tantos. 

Y no, no hemos transitado del "comunismo" a la "democracia", sino de un capitalismo de estado autoritario hacia un sistema capitalista oligárquico con un parlamento con actuaciones de circo.

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lunes, 5 de agosto de 2019

La locura de género y el declive conservador y populista del Partido Socialista Búlgaro



Mis amigos españoles se sorprenden cuando les digo que en Bulgaria la izquierda política representa, en el imaginario colectivo, un conjunto de ideas trasnochadas, conservadoras, nacionalistas y, como diríamos refiriéndonos a los partidos populistas de derecha en España, incluso carcas. La imagen que existe en Bulgaria de una izquierda parlamentaria conservadora no es una idea infundada, metida en la cabeza de miles de jóvenes búlgaros por la fuerza influenciados por la ola neoliberal que arrasa Europa.

A raíz de la ratificación del Convenio de Estambul (El Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica) en Bulgaria se despertó una oleada de reacciones muy variadas pero todas bajo el común denominador del conservadurismo; la Iglesia ortodoxa comentaba que esto sería la llegada de la perversión y el libertinaje; los neonazis de Ataka y partidos similares decían que atentaba contra los valores familiares. Pero, ¿qué decía el Partido Socialista Búlgaro? A pesar de que algunos de sus grupos regionales habían manifestado ya su interés sobre este convenio y a pesar de que la postura del partido en un inicio fue positiva hacia la ratificación del convenio, fue sin embargo la inclusión del término “género social” lo que provocó una oleada de transfobia en la sociedad, que por desgracia, el BSP no supo esquivar y mantener una posición coherente, no solo con sus socios socialdemócratas europeos, sino también con las ideas de izquierdas ligadas al progreso y emancipación social.

¿Por qué causó tanto revuelo la inclusión del término género social? 

Pues bien, en búlgaro la palabra пол (pol) significa sexo y género. No existe una palabra que defina solo al género como constructo social asociado al varón o a la mujer. Al traducir del inglés la palabra gender (género) se optó por traducirlo como социален пол (género/sexo social) y esto causó una serie de reacciones en los sectores más conservadores y amplios de Bulgaria: desde la Iglesia Ortodoxa hasta los neonazis pasando por el Partido Socialista Búlgaro.

Es triste pensar que en un país donde ¼ de las mujeres sufre violencia machista, ante la ratificación de un texto que propone medidas sobre como solventar esta lacra social, no solo los sectores conservadores de la sociedad búlgara reaccionen así, si no que encima el partido que debería representar al sector más progresista y combativo de la sociedad, se agarre a esto para rascar más votos entre los sectores más rancios de la sociedad búlgara. En lugar de buscar soluciones a los problemas reales de la sociedad (crisis demográfica, bajos sueldos, bajas pensiones, violencia machista, sobreedificación en las playas, especulación urbanística, etc…) fijan toda su atención sobre el concepto de género social que según los sectores afines a la Iglesia y a los radicales de derecha nos pretende imponer este convenio, dejando a un lado la cuestión fundamental del texto: la lucha contra la violencia hacia las mujeres. 

En Bulgaria no existen campañas de concienciación sobre la violencia hacia la mujer

Mientras en España en cualquier espacio publicitario podemos encontrar un anuncio sobre el número de atención a la mujer maltratada 016 aquí reina el silencio. Son muchas las medidas que se pueden impulsar desde la legislación para combatir esta lacra: se puede ampliar la red de centros de acogida para mujeres maltratadas, formar a los especialistas psicológicos y sociales, así como a la policía, crear campañas publicitarias de concienciación social, realizar charlas en los colegios e institutos, etc. Todo esto, según el sector más conservador, abre la caja de pandora hacia una dictadura queer que obliga a los niños y niñas a hacerse homosexuales por imposición; e incluso a cambiar de género. Y lo peor de todo es que la izquierda búlgara no ha sabido mantener una postura crítica ante esta serie de absurdeces y se ha subido al carro del conservadurismo social, llegando a pedir la celebración de un referéndum en el que los ciudadanos búlgaros decidieran si el estado debía aprobar su ratificación.

Aunque esto ha sido lo más llamativo en los últimos años a nivel político-social, ya me sorprendió a la llegada a Bulgaria, allá por 2016, al coincidir con las elecciones generales, ver las propuestas que tenía el BSP para Bulgaria en un folleto que me dieron por la calle que más que una serie de propuestas era una llamada irracional al nacionalismo más básico, pidiendo mayor control de las fronteras y de la inmigración.

Lo más paradójico es que, mientras el Partido Socialista Búlgaro se escuda en su argumento de que están siendo autónomos frente a las imposiciones ético-morales y políticas de la UE, realmente lo que hacen es culpar al migrante, usando argumentos como la seguridad nacional y defendamos lo nuestro, más propios del populismo de Le Pen que de una izquierda social. En lugar de ver en el migrante la consecuencia de una serie de maniobras geopolíticas lideradas por el capitalismo neoliberal, ven en él un peligro contra la soberanía política y económica del país. 

Pasó año y medio desde que esta locura de género ocupara todos los titulares en las televisiones y pdriódicos, captando el centro de atención de todo el debate social, y hace una semana la periodista búlgara Kadrinka Kadrinova, escritora frecuente en el portal baricada.org sobre actualidad política y social fue galardonada por el Partido Socialista Búlgaro por su actividad periodística. En su discurso, al recoger el premio, Kadrinka sin embargo hizo un discurso que no sentaría muy bien en el sector más conservador del BSP:


“Quiero hacer un llamamiento a que nos dirijamos con más frecuencia hacia los fundamentos que los grandes pensadores del pensamiento socialista, del socialismo, de las ideas de izquierdas, de la causa izquierdista y de la palabra socialista nos han delegado. Ellos nos encomendaron la tarea del internacionalismo y de la solidaridad internacionalista de los trabajadores y no el nacionalismo y el odio hacia el diferente. Ellos nos encomendaron unos frentes únicos así como la unión y no la búsqueda de enemigos entre los que piensan diferente.

Georgi Kirkov escribió una obra brillante. Se llama “Zoología política”. En esa obra él no fue capaz de encontrar lugar para esta extraña creación como es el conservador de izquierdas. En su obra sin embargo él describió muy bien cómo es el conservador y qué representa este extraño animal político. No es muy agradable. Ojalá que ninguna persona de izquierda en Bulgaria sea asociado nunca con un conservador. Ojalá las personas de izquierdas en Bulgaria sean personas por el cambio, por el futuro y la solidaridad.

La izquierda en Bulgaria es mucho más amplia que el BSP. Hay mucha gente de izquierdas en Bulgaria. Es necesario construir la unidad. Es necesario trazar puentes por esta unidad. Es necesario buscar el diálogo.

Yo trabajo en una web de noticias de izquierda, independiente, llamada “Baricada”. Leed “Baricada”. En “Baricada” hay muchos análisis y artículos que invitan a la reflexión y a la discusión. Necesitamos reflexión. Necesitamos discusión para que podamos trazar puentes hacia esta alternativa que tenemos que construir entre todos contra las fuerzas agresivas y brutales, aquella fuerza que nos impone un acuerdo esclavizante de aviones de combates y de máquinas de matar. Los pueblos no necesitan ni muerte ni guerra. Lo que necesitamos es paz y pan. Unámonos todos los demócratas de Bulgaria que, con buena voluntad, queremos paz y pan.”

Tras su discurso frente a una gran audiencia (más de 40.000 según los organizadores) de simpatizantes del BSP, no tardaron en llegar las críticas; la primera, de una persona de confianza de Kornelia Ninova, líder del Partido Socialista Búlgaro. Horas después de ser galardonada por su actividad periodística, Kadrinka fue difamada y criticada en la red por afines y miembros del BSP.

El declive nacionalista y populista de un BSP que no acepta crítica ni entre sus afines es un síntoma y una consecuencia de un mismo problema: la dificultad de unir en un mismo partido ideas socialdemócratas cercanas al Partido Socialista Europeo y viejos cuadros que provienen del aparato del estalinista Partido Comunista Búlgaro, que nada tiene que ver con una izquierda socialista de progreso y combativa.


Ojalá la izqu
ierda búlgara se una en un mismo frente. Pero no a cualquier precio. No estamos dispuestos a renunciar a los derechos civiles de las minorías, los derechos inexistentes de homosexuales y transexuales. Queremos tender puentes y ser solidarios, sí, pero también con los trabajadores de otros países que huyen de la guerra y la miseria. Ojalá esa unidad no se consiga a costa de los derechos y de la dignidad de las mujeres, de los migrantes y del colectivo LGTB. Ojalá los jóvenes que queremos un mundo justo, sin desigualdades ni miseria y de transición ecológica, pero también un mundo libre, diverso donde cada uno pueda expresar libremente su género y su orientación sexual, nos sintamos algún día defendidos por un partido que se haga llamar socialista. 

Marco Vidal González. 
Sofia 5.08.2019




miércoles, 22 de junio de 2016

ENTREVISTA A TOMÁS MARTÍNEZ, CANDIDATO DE IZAR POR ALMERÍA

ENTREVISTA A TOMÁS MARTÍNEZ, CANDIDATO DE IZAR POR ALMERÍA


Tomás Martínez Peña es profesor de Secundaria interino, uno de los despedidos por el gobierno andaluz de PSOE-IU en 2012, activista de Marea Verde y afiliado a USTEA. Encabeza la candidatura de Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR en Almería, lista que se presenta al margen de la “confluencia” Podemos-IU con el lema “Sus pactos para que no cambie nada, la lucha para cambiarlo todo”.


¿Por qué hay candidaturas en Málaga, Granada y Almería de IZAR y no en el resto del estado español?

En IZAR hicimos una apuesta desde la convocatoria del 26J por que hubiera una lista anticapitalista amplia a nivel estatal que agrupara a diferentes corrientes de la izquierda revolucionaria del estado español auspiciada desde No hay tiempo que perder, el frente que construimos, pero por esto no fue posible. Tomamos la decisión de presentarnos como Izquierda Anticapitalista Revolucionaria porque creímos imprescindible señalar que no hay anti-austeridad sin impago de la deuda, sin enfrentarse a la patronal y a la mano tendida al social-liberalismo que representa el PSOE, que las instituciones no bastan y que un programa de este tipo hay que imponerlo en la calle con la clase trabajadora y la juventud organizadas.
Son las primeras elecciones para nuestra joven organización y debido a la recogida de avales a la que nos obliga una ley electoral hecha a medida del régimen, nos ha sido imposible presentarnos en todos los territorios del estado en que estamos. A pesar de hacerlo en Málaga, Granada y Almería todo IZAR está en campaña presentado con actos el proyecto bajo unos ejes bien definidos que buscan superar el “juego de trileros” de los pactos, ajeno al ataque de la troika que está por venir, y plantear una salida anticapitalista y de ruptura.

Hay quien dice que no es tiempo de divisiones, que incluso está dispuesto votar a Pablo Iglesias queriendo que salga Garzón. ¿Ves este sentimiento como lógico o catastrófico a largo plazo?

Han sido varias veces las que he escuchado que nuestras candidaturas eran suicidas porque este 26J la alternativa pasaba por Unidos Podemos y la oportunidad hoy es histórica, que no hacemos la lectura correcta del momento, etc. Antes de constituirnos en IZAR ya nos era familiar este discurso. En el debate que se nos plantea sobre la “unidad de la izquierda” hay que hablar de contenido programático y aquí comprobamos que Podemos e IU son dos gotas de agua cuyos intereses electorales han primado para unirse en coalición con un acuerdo por arriba, más allá de las renuncias. En la práctica el gobierno que Pablo Iglesias quiere compartir con el PSOE repite el esquema andaluz Griñán-Valderas cambiando los pesos parlamentarios.
A quienes queremos repartir la riqueza y atacar los beneficios de quienes la detentan no nos sirve apelar a una mayoría interclasista y con un discurso estético para derrotar al PP olvidando que el ahora aliado PSOE fue el mismo que puso en marcha el programa de reformas laborales, privatizaciones, pensionado, inyección para salvar a la banca, etc. contra las clases populares que inició el ciclo de movilización abierto por el 15M al que, irónicamente, se refieren como parto de esta nueva y vieja izquierda conocida.

La lucha está en las calles ha sido uno de los lemas de IZAR, no en las urnas. Pero, ¿qué ofrece IZAR allí donde tiene candidatura?

La única oferta de IZAR en donde presentamos lista y en donde no es la auto-organización de la clase trabajadora y la juventud que estamos pagando la crisis capitalista para coger impulso en la lucha y estar en mejores condiciones para enfrentarnos el 27J al próximo envite. Gobierne quien gobierne el programa que defendemos las y los revolucionari@s es el mismo: repartir el trabajo, prohibir los despidos, no pagar su deuda, nacionalizar los sectores estratégicos, expropiar las viviendas en manos de la banca, combatir las violencias del heteropatriarcado, defender el derecho de autodeterminación, etc.
Mientras aquí nos entretenemos con especular qué rostro tendrá el nuevo gobierno, nuestra clase se está jugando mucho más en Francia estos 3 meses que en las elecciones del próximo domingo. Estudiantes, docentes, ferroviarios, carteros y más sectores golpean juntos a Hollande y Valls y reconducen sus paros para frenar una reforma laboral de manos del social-liberalismo con el que Unidos Podemos quiere gobernar. Han vuelto a poner de plena actualidad la huelga general, la herramienta más útil de la que disponemos. Para IZAR no hay atajos. En Francia está nuestra brújula y programa.


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sábado, 26 de marzo de 2016

Entrevista a Tomás Martínez, sobre la nueva plataforma “No hay tiempo que perder”

 ENTREVISTA A TOMÁS MARTÍNEZ
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TOMÁS MARTINEZ PEÑA es profesor de Secundaria, activista de Marea Verde, Internacionalista vinculado a Grecia y militante de Izquierda Anticapitalista Revolucionaria IZAR
 “La lucha contra el capitalismo y a favor de un modelo económico favorable a las clases populares y trabajadoras es una carrera de fondo continua”




  

 Por Eduardo Nabal


No hay tiempo que perder. Una plataforma que ofrece algo que ya tenía la nueva organización IZAR entre sus objetivos: una alternativa tanto a IU como a Podemos; una izquierda más comprometida con la gente y los trabajadores/as que con las instituciones. ¿Pero hay algo nuevo en las formas de participación dentro y fuera de esta plataforma?
No hay tiempo que perder quiere ser un espacio político anticapitalista, de clase y militante, de lucha, que agrupe en la práctica cotidiana a quienes creemos que Podemos e IU-Unidad Popular no van más allá de humanizar el capitalismo desde las instituciones. Ya lo estamos viendo en los ayuntamientos del cambio, donde no se pueden parar los desahucios, se hacen molestas las huelgas y ni siquiera se re-municipalizan los servicios públicos prometidos. NHTQP nace del impulso de organizaciones políticas y activistas en asambleas, de un debate colectivo desde abajo que empezó en Noviembre, y huye de las prácticas verticalistas y burocráticas que hemos conocido en Podemos.
El próximo 2 de abril será nuestro II encuentro estatal en Madrid donde debatiremos un documento programático que tendrá que echar a andar en los comités locales y provinciales.

No hay tiempo que perder. Pero el ciudadano siente que en el Parlamento no se está haciendo política y sí jugando a un Juego de Tronos. No obstante hay gente que dice que si ha notado una mejora en las políticas públicas o municipales donde gobierna ahora la izquierda ¿Esto es real o no tanto como parece?
No hay tiempo que perder porque no podemos permitirnos más desilusiones en las y los trabajadores y la juventud que esperan que desde los ayuntamientos del cambio y un gobierno PSOE-Podemos-IU se acabe con la situación de emergencia social y los ataques a la mayoría trabajadora que lo ha apostado todo con las elecciones después de un ciclo de luchas. Es innegable que el tablero electoral se ha movido, o mejor se ha recompuesto, y las nuevas fuerzas políticas han oxigenado las instituciones, pero se quedan en un lavado de cara.
Más allá de eso no hay ningún interés en romper con el pago de la deuda, origen de las políticas de austeridad, en apostar por las nacionalizaciones de sectores clave en la economía, la expropiación de viviendas a la banca. Se busca apuntalar una 2ª transición y no en finiquitar el régimen del 78 con la movilización, centrifugada por completo. El juego de tronos institucional distrae sobre la necesidad de que no hay cambio sin lucha. NHTQP vamos decididamente en esa dirección.

La Unión Europea vende sus fronteras y las cierra a los emigrantes. ¿Un fascista es un liberal asustado o el fascismo nunca ha desaparecido del todo de Europa? Háblanos brevemente de la política migratoria en el Sur de Europa.
Aunque habría que delimitar a lo que llamamos fascismo, sin duda la mecha xenófoba que recorre Europa nos retrotrae cada vez más a tiempos pasados. El mismo proyecto de la UE, absolutamente irreformable, nace con unos objetivos de clase precisos y en ese marco actúa. Conservadores, las falsas socialdemocracias de Hollande y Renzi, liberales e incluso el esperpento de Syriza han firmado sin discrepancia alguna un acuerdo que “nazifica” las políticas de esta UE-fortaleza imperialista. Pero Lesbos no es más que la Melilla y Lampedusa de las últimas décadas. El ascenso de Le Pen y Alternativa para Alemania y la islamofobia emergente están ahí. ¿Y la alternativa es la de Varoufakis, democratizar las instituciones? Creemos al menos desde IZAR que es seguir errando sin llevar a cabo una enmienda a la totalidad.

¿Queda tiempo para salir con dignidad social de ese fantasma que se han atrevido a llamar “crisis” o se fomenta la política del sálvese quien pueda?
La lucha contra el capitalismo y a favor de un modelo económico favorable a las clases populares y trabajadoras es una carrera de fondo continua. Habrá tiempo mientras sigamos organizándonos para combatir sus políticas en todos los planos, porque el capital es el primero que se define como internacionalista. Esta crisis económica es sistémica y va para largo, estamos al borde de una segunda sacudida y no caben paños calientes para enfrentarse a los ataques que están en la agenda gobierne quien gobierne. Por ello se hace imprescindible desenmascarar las falsas ilusiones y ser partícipes de nuevos espacios y frentes de lucha como No hay tiempo que perder.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El engaño se llama monarquía o república, la verdad se llama: socialismo o barbarie

Elegir entre monarquía o república es un falso problema. Ambos son variantes del Estado capitalista. Este, sea cual sea su forma (monarquía-república, dictadura-democracia) es un aparato exclusivo y excluyente del capital, no es un órgano “de todos” sino que está al servicio de la minoría explotadora. La esencia del Estado es el ejército, la policía, los tribunales, las cárceles, la burocracia; el Estado es, como decía Engels, el “capitalista colectivo ideal”, la herramienta con la que cada capital nacional defiende sus intereses tanto frente a sus rivales –otras naciones– como, sobre todo, contra el proletariado.

La burguesía es una clase minoritaria en la sociedad y sin embargo mantiene sometidos al imperio de sus intereses al proletariado y a la inmensa mayoría. Uno de los medios para ello es hacernos pensar y luchar en falsos problemas evitando así que nos planteemos los verdaderos problemas.

Elegir entre monarquía o república es un falso problema. Ambos son variantes del Estado capitalista. Este, sea cual sea su forma (monarquía-república, dictadura-democracia) es un aparato exclusivo y excluyente del capital, no es un órgano “de todos” sino que está al servicio de la minoría explotadora. La esencia del Estado es el ejército, la policía, los tribunales, las cárceles, la burocracia; el Estado es, como decía Engels, el “capitalista colectivo ideal”, la herramienta con la que cada capital nacional defiende sus intereses tanto frente a sus rivales –otras naciones– como, sobre todo, contra el proletariado.

Para que la lucha del éste sea eficaz ha de ir a la raíz de los problemas. La raíz del desempleo, de la miseria rampante, de la barbarie moral, de los enormes sufrimientos que afectan cada vez más dolorosamente a la inmensa mayoría, no está ni en la forma de estado ni en el tipo de gobierno, está en el capitalismo y en el Estado que lo defiende.
La burguesía española –como otras burguesías del mundo– cambiará de “forma de Estado” si ello le permite defender mejor sus intereses y, sobre todo, mejor engañar, dividir y finalmente aplastar al proletariado, la clase revolucionaria de esta sociedad.

La burguesía española tiene una larga experiencia en aquello de que “todo cambie para que todo siga igual”, como dice un avispado vizconde en la novela El Gatopardo. Ya lo hizo en 1931 cuando envió a Alfonso XIII al exilio nombrando presidente a un terrateniente andaluz y antiguo monárquico – Alcalá Zamora. Lo repitió con la tan ensalzada transición cuando la dictadura de Franco fue reemplazada por la democracia con el aval entusiasta de franquistas de toda la vida (Suarez, Fraga), codo con codo con los “demócratas de toda la vida”, el PCE y el PSOE.

Lo volverá a hacer de nuevo si la situación lo requiere. Ya prepara las nuevas músicas: mientras PP-PSOE, debido a sus responsabilidades de gobierno, apoyan al viejo y al nuevo monarcas, los partidos “más a la izquierda” (IU, Podemos, etc.) enarbolan la otra versión del Estado capitalista: la República. En todo caso, hoy todos sin excepción entonan los mismos cánticos: con la abdicación de Juan Carlos tendríamos “el cambio”, un “tiempo nuevo”, “el ascenso de una nueva generación”. Una burda retórica que esconde una realidad que no solo no cambia sino que empeora por momentos.

Perder el tiempo en un falso dilema –monarquía o república– nos aleja de la verdadera disyuntiva: socialismo o barbarie.

No a Felipe, no a la república

Juan Carlos I, rey de España durante los últimos 39 años, ha abdicado. Era obvio que la monarquía necesitaba renovar y mejorar su imagen, que empeora día a día. Parece que, desde el Estado, se ha considerado que ya había llegado ese momento de renovación de imagen y así lo han hecho: el hasta ahora príncipe Felipe será rey dentro de poco. Ante esto, muchos trabajadores empiezan a responder rechazando la monarquía... y pidiendo una república.

Conviene dejar bien claro que el Estado no “somos todos”: el Estado moderno es un órgano para gestionar los asuntos comunes de la burguesía de la nación, para organizar la competición contra las burguesías extranjeras, para asegurar las condiciones de explotación de los trabajadores y, en resumen, para asegurar en la medida de lo posible la permanencia del capitalismo. Y va a seguir siendo de esta forma mientras existan los antagonismos de la sociedad de clases en que el Estado hunde sus raíces.
Todos los trabajadores, los proletarios, privados de los medios necesarios para producir, somos esclavos asalariados. Las palancas que mueven todo las accionamos nosotros pero las gestionan sólo unos pocos, y el valor creado por nosotros se nos quita de las manos en la rueda loca de la acumulación de capital. A nivel nacional, el capital es capaz de organizarse para perfeccionar nuestra explotación y sometimiento y para competir mejor contra los capitales de otras naciones. Y todo eso lo lleva a cabo por medio del Estado.
Es innecesario hablar de que la monarquía es una institución al servicio del Estado burgués, una institución más del órgano que dota de unidad a la burguesía de donde vivimos y les permite gestionar nuestra explotación. Pero la monarquía no es más que un muñeco de paja, un títere inerte. Y la desaparición o no de ese muñeco de paja no es algo que nos concierna a nosotros, los trabajadores. Los trabajadores (¡de todo el mundo!) tenemos, en el fondo, un sólo interés: dejar de ser explotados.

El Estado español tuvo forma republicana hace ocho decenios. Aprovechemos para recordar que este año se cumplen ochenta años del aplastamiento brutal, del ahogamiento en sangre de nuestros hermanos de clase que se atrevieron a levantarse contra la explotación en la Asturias de la maravillosa República, asesina de obreros y gestora de explotación [1].
¿Qué diferencias hay entre la monarquía parlamentaria actual y una eventual república? En el fondo, ninguna. Ambas siguen siendo un órgano para gestionar nuestra explotación, ambas siguen siendo algo ajeno y opuesto a nuestra clase.

Nuestros intereses, por tanto, no son facilitar el trabajo de la burguesía dando nuestro apoyo a tal o cual forma de gestionar nuestra explotación, sino que son destruir las relaciones de explotación en las que hunde sus raíces tanto la monarquía como la república para poder pasar a disponer de nuestras capacidades, para orientar la sociedad en beneficio de nuestras necesidades. No se trata de elegir cómo es tal o cual detalle del órgano que nos explota sino de destruirlo.

El ala izquierda del capital (a saber; partidos, sindicatos, asociaciones y plataformas de todo tipo) nos dicta consignas vacías que son ajenas a nosotros, que nos llevan a acciones estériles y en nuestra propia contra y que quiere que identifiquemos a toda costa nuestros intereses con el Estado, lo que no es sino otra forma de decir que identifiquemos nuestros intereses con los del capital. Si queremos luchar por nuestros propios intereses no lo podemos hacer marchando detrás de ellos, para nosotros no puede haber más salvador que nosotros mismos. Así, tenemos que romper con su dinámica para ir hacia la dinámica histórica de nuestra clase: en vez de discursos de escuchar y callar, debate que clarifique qué queremos y cómo lo queremos. En vez de sectorialismo (sector educativo, sector sanitario, sector industrial etc. cada uno por su lado), unidad de clase. En vez de pedir una república, combatir por poner el poder en nuestras propias manos. En vez de sindicatos, partidos y asociaciones; asambleas y consejos obreros.

Circulo de Debate Acción Internacionalista – acciinter@gmail.com

¿Monarquía o república?
¡Sociedad sin Estado y sin clases!
Nuestra emancipación será obra de nosotros mismos o no será

[1] Quienes estén interesados sobre qué fue realmente la República pueden consultar nuestro libro España 1936: Franco y la República masacran a los trabajadores. http://es.internationalism.org/booktree/539


Artículo del Círculo de Debate Acción Internacionalista

Podemos: un poder del Estado capitalista

Los compañeros de la CCI aportaron otro artículo sobre uno de los fenómenos políticos de mayor actualidad: la organización política Podemos. Como no podía ser de otra manera, la CCI nos aporta una visión crítica de esta organización:



La sorpresa de las recientes elecciones europeas ha sido los 5 diputados obtenidos por una nueva fuerza aparentemente surgida de la nada: Podemos. Sectores de jóvenes, algunos restos degenerados de lo que en su día fueron las Asambleas del 15 M[1], lo han apoyado creyendo que algo podrá hacer en la lucha contra el increíble deterioro de las condiciones de vida de la inmensa mayoría al que estamos asistiendo. Para ver si esta expectativa tiene fundamento necesitamos empezar por una pregunta: ¿Es “el voto” un medio que tendrían los explotados para luchar por sus condiciones de vida?

El voto decide lo que al capital le interesa

Según la ideología dominante, la única manera de mejorar nuestra suerte es votando.
Si vemos las cosas según la lógica formal esto parece inobjetable. Los explotados serían la mayoría de la población, les bastaría con votar al partido que más favoreciera sus intereses para de esta manera mejorar su situación.
Sin embargo, cuando se mira la realidad esa especulación aparentemente irrefutable se derrumba como un castillo de naipes. Para empezar, la marcha de todos los países está gobernada por leyes ciegas, no escritas, que brotan de las relaciones de producción capitalista; los vaivenes de este sistema de producción que engloba al planeta entero son los que determinan con mayor o menor intensidad el destino y la evolución de todos los países. Es cierto que a través de la política económica e imperialista, cada Estado, aprovechando su posición en el tablero mundial, puede mejorar algo su situación, generalmente en detrimento de sus rivales, pero vistas las cosas histórica y mundialmente, el destino de la humanidad depende en gran medida de la evolución de un capitalismo que es un sistema que lleva más de 100 años de decadencia y amenaza con hacernos caer en la barbarie de la autodestrucción[2].
 Una primera conclusión debe ser sacada: nuestro porvenir no se puede decidir encerrados en la cárcel de “nuestro país” sino a escala mundial. La lucha unida del proletariado mundial es la única que podrá decidir el porvenir de toda la humanidad.
Una segunda reflexión es además necesaria. El voto –dicen– es para enviar diputados al Estado, el cual decidiría el rumbo de la sociedad según la voluntad de la mayoría. Pero ¿es eso así? Mil hechos nos muestran que NO. El Estado es una máquina al servicio exclusivo y excluyente de la minoría explotadora, la burguesía. Nació con la sociedad de clases y desde entonces no ha hecho otra cosa que reforzarse e identificarse con el modo de explotación reinante. Bajo el capitalismo, el Estado se impregna hasta la médula de su lógica y defiende de forma acérrima sus intereses incluso entrando en conflicto con tal o cual capitalista individual. El Estado es el consejo de administración del conjunto del Capital Nacional. Además, el Estado es mucho más que su parte visible: Jefatura del Estado, Gobierno, Parlamento, administraciones regionales y municipales… Tras ese decorado se halla un aparato frío e impersonal formado por ejército, policía, tribunales, cárceles, burocracia…
El proletariado no podrá aportar nada a la defensa de sus intereses y a la liberación de la humanidad si se mete en la boca del lobo del Estado. Su experiencia histórica le muestra unos medios totalmente diferentes para intervenir en la evolución social. Se trata de las asambleas generales y, en situaciones de maduración revolucionaria, los consejos obreros, órganos no estatales, donde los proletarios pueden construir su unidad y tomar las riendas del porvenir[3].
Mientras el Estado es un órgano de sumisión y aplastamiento de todos los explotados, las asambleas y consejos obreros son el cauce de nuestra auto-actividad, la plataforma para poder pensar y decidir juntos, el medio de estimular nuestras iniciativas y nuestra creatividad.
Y esto nos lleva a un último punto. El voto nos atomiza y nos divide reduciéndonos a la entelequia de un individuo supuestamente soberano, autónomo y plenipotenciario. El voto parte de la suposición idealista de que cada individuo es un propietario privado que lo hace independiente y dueño de sí mismo y que por lo tanto, podría decidir libremente y sin ninguna atadura sobre los asuntos del país.
Esto no tiene ni pies ni cabeza; sabemos que los trabajadores y la inmensa mayoría están desposeídos de todo medio de producción y vida. Su única “propiedad privada” es su fuerza de trabajo que tienen que vender al capital. De “su casa” lo único que poseen es la hipoteca que han de pagar y ya hemos visto como miles y miles han sido brutalmente arrojados de su “propiedad”.
Ese individuo atomizado, encerrado en “sus asuntos”, separado de los demás, es presa fácil de las manipulaciones, las promesas, los engaños, de los políticos. No está decidiendo “en conciencia” sino dejándose llevar por falsas promesas y planteamientos trucados.
Esto es radicalmente diferente de las asambleas generales creadas y controladas por los obreros en lucha donde todos pueden sentir la fuerza de actuar en común, asociadamente, donde cada cual puede aportar lo mejor de sí mismo, donde todos se pronuncian asumiendo plenamente su responsabilidad (mientras que con el voto, que es secreto, se es totalmente hipócrita e irresponsable pues cara a la galería se puede decir una cosa y luego en la cabina hacer otra).

Podemos: rancios vinos en una nueva botella

Podemos criticar a los dos grandes partidos a los que considera incluidos en “La Casta”[4], un concepto de lo más ambiguo pues ¿quién está en esa “casta”? ¿Sólo los políticos corruptos? ¿Solo una parte de los capitalistas?
Esta ambigüedad permite alimentar el típico engaño de que existiría un capitalismo “bueno”, progresista y “aprovechable” y un capitalismo “malo” y “antipatriota”. Esta idea ha sido repetida hasta la náusea tanto por partidos de izquierda como de derecha, para los cuales “los burgueses lo son y deben seguir siéndolo... en interés de la clase trabajadora” (El Manifiesto Comunista).

Para Podemos, lo primero es España

Podemos es tan patriota como la extrema derecha. En realidad, el patriotismo es el atributo de todo partido del capital, sea de derechas o de izquierdas. El líder de Podemos se ha esmerado en demostrar su defensa intransigente del capital español: “Echo en falta cierto patriotismo en la política española”, declara a La Razón, añadiendo: “Amamos nuestro país y no queremos ser países que sólo nos dediquemos a ponerle cañitas y tapitas a los ricos del norte que vienen a veranear”[5]. El nacionalismo es por definición excluyente, los “forasteros” –vengan del norte rico como turistas o del sur pobre como emigrantes– serían los enemigos de la “comunidad nacional”. La Izquierda –pero igualmente la extrema derecha– vende el cuento de una patria “para los españoles de a pie”. Esto es falso pues la nación es la finca privada del conjunto de capitalistas de un país y el interés nacional del capital exige despidos, recortes, rebajas salariales, desahucios y el sacrificio supremo de asesinar y ser asesinado en la barbarie de la guerra imperialista. Por mucho que Podemos rechace al futuro rey comparte con él la defensa de la “querida España” (palabras de un discurso reciente de Felipe). Del mismo modo, podrá despotricar contra el PP-PSOE, “los dos puntales de la Casta”, sin embargo coincide con ellos en la defensa de España. La crítica que Iglesias hace al gobierno es la de no ser suficientemente patriota: “El Gobierno debería ser patriota y suspender el pago de la deuda”[6] y al jefe de la oposición le espeta: “Yo no le pido que sea socialista, señor Rubalcaba, le pido que sea patriota”[7].

Podemos defiende a capa y espada el engaño democrático

El segundo pilar del programa de Podemos está en la defensa de la democracia. Critica a los dos grandes partidos sobre todo porque alejan a las gentes de la democracia. Pretende hacerla creíble con jueguecitos participativos: primarias, opinión on line y “asambleas ciudadanas” para decidir su línea política.
Todo esto parece muy atractivo pero se da de bruces con la realidad. Podemos ha nacido con un aparato cuidadosamente organizado. En la sombra hay un partido de extrema izquierda –Izquierda Anticapitalista– y una serie de hombres fuertes entre los que destacan junto a Iglesias, Monedero procedente de IU y Errejón que ha colaborado con los regímenes de Morales en Bolivia y de Chávez en Venezuela. Por otra parte, se basa en un descarado culto a la personalidad del “querido líder”, el súper televisivo Pablo Iglesias cuya imagen estaba en marca de agua en las papeletas electorales del partido.
Esta promoción de un “hombre providencial” es una práctica típicamente estatal y capitalista. En todos los partidos de la burguesía, el político que logra ascender a la cumbre del partido es ciegamente ensalzado y peloteado por todo el aparato, figura obsesivamente en los carteles electorales, es el único que habla ante las cámaras, deja las tareas sucias a los números dos etc. Podemos ha seguido al pie de la letra este guión.
El Estado democrático oculta una dictadura tan totalitaria como la de los regímenes de partido único. El ejecutivo es detentado por los dos partidos mayoritarios que se turnan en el ejercicio de una política que apenas se diferencia más allá de algunos matices y de la demagogia empleada. El resto de partidos entra en el parlamento para canalizar el descontento y renovar constantemente la ilusión de que “se puede hacer algo” mediante el voto. Una de sus bazas es la de proponer medidas demagógicas y lanzar toda clase de órdagos a sabiendas de que no van a tener que cumplirlas pues no van a poder gobernar.
Podemos participa en ese juego. Su programa promete de todo: “Queremos una Europa del trabajo digno, la sanidad universal, la educación, la vivienda, las pensiones, la ayuda a la dependencia, y el respeto al medioambiente”, palabrería vacía que oculta el crecimiento del paro, el deterioro de la sanidad y la educación, los desahucios, el recorte de las pensiones y de las prestaciones de todo tipo e igualmente el vertiginoso proceso de destrucción medioambiental.
Por otra parte, Podemos trata de combatir el descrédito del Estado democrático vendiendo la ilusión de que sería posible una “verdadera democracia”. Es el sentido de la ambigua frase de Iglesias que habla de “Lo que yo digo es que lo que estamos diciendo no es de derechas ni de izquierdas, y eso es de sentido común. Que la clave de este momento no es un eje derecha-izquierda sino democracia respecto a dictadura”[8]. El desgaste evidente del “bipartito” (PP-PSOE) que está afectando igualmente a sus comparsas (UPYD-IU), lleva a Podemos a reivindicar una especie de “Frente popular nacional” donde quepan “todos”, de izquierdas y de derechas[9], para eliminar las “imperfecciones dictatoriales de la democracia”.
Esto es una tomadura de pelo y una forma de desviar nuestra lucha hacia callejones sin salida. Las políticas de los gobiernos contra los trabajadores y la inmensa mayoría, la corrupción de los políticos y el favoritismo de los jueces, la creciente violencia policial, no son “imperfecciones” o “desviaciones” de la democracia, sino los rasgos necesarios e inevitables del Estado capitalista, tanto si se da la cara sonriente de la democracia como si adopta el gesto hosco de la dictadura abierta.

Podemos con el capitalismo de Estado

Podemos propone nacionalizaciones parciales de sectores estratégicos de la economía nacional. La nacionalización parcial o completa de la economía nada tiene que ver con el socialismo. Es una medida perfectamente capitalista que han practicado hombres de derecha como De Gaulle, Franco, Hitler o Mussolini. El capitalismo es una relación social de producción basada en la mercancía y el trabajo asalariado, ésta existe tanto con propiedad estatal como privada[10].
Con una sanidad o una educación estatizadas, ambas siguen al servicio del capital. La primera para reparar rápidamente la fuerza de trabajo y hacerla entrar lo más pronto posible en los circuitos de la explotación. La segunda enfocada no tanto a la formación humana o a la cultura sino hacia la obtención de la máxima productividad de los futuros trabajadores.

Podemos surge para cubrir vías de agua en la fachada democrática del Estado

Podemos se ofrece como algo novedoso cuando en realidad sus propuestas se parecen como dos gotas de agua a las de sus rivales.
Podemos confiesa abiertamente que no quiere ningún tipo de cambio social ni de nueva sociedad, su líder, Pablo Iglesias, lo aclara elocuentemente: “Hablamos de patriotismo, de decencia, de democracia. No necesitamos hablar de más, no necesitamos hablar de comunismo, de socialismo, de socialización de los medios de producción, basta con hablar de sentido común”. Tanto Rajoy como quien hace los discursos en la Casa Real podrían haber suscrito estas palabras huecas.
Podemos responde a una necesidad de renovar el aparato político del capital español muy desgastado por la descomposición de este sistema[11]. Les hacen falta nuevas caras que traten de dar algo de credibilidad a un régimen muy deteriorado. Podemos sigue la estela de esas tentativas de “novedades fuertes”, que protagonizaron Syriza en Grecia o el Movimiento 5 Estrellas en Italia.

¿Por qué Podemos ha calado en algunas minorías de jóvenes?

Podemos ha logrado arrastrar a algunos sectores de jóvenes a causa del inmediatismo y el activismo. El capitalismo es una sociedad profundamente inmediatista, su base es la obtención de la máxima ganancia en el mínimo tiempo posible. Este inmediatismo impregna a toda la sociedad y contagia incluso a los que quieren sinceramente luchar contra el sistema. El movimiento que llevará al proletariado mundial a derrocar el capitalismo va a necesitar muchos años de luchas, esto se empezó a entender en el movimiento de indignados de 2011 cuando se gritaba “No es que vamos despacio es que vamos muy lejos”. La impaciencia, la urgencia de “ver algún resultado”, impulsa a compañeros a agarrarse a clavos ardiendo como Podemos que sin duda les llevará a nuevas decepciones. Buscando atajos para llegar más pronto a la meta en realidad se alejan de ella y retrasan todavía más su llegada.
Enlazado con el inmediatismo está el activismo. El capitalismo es una sociedad violentamente utilitaria, pragmática y sin escrúpulos. La contaminación de su ADN a los que quieren acabar con él les hace enrollarse en una cadena sin fin de “acciones prácticas”, de “pequeños pasos”, de “estar presentes”. Podemos con su retahíla de “propuestas prácticas” les lleva a una acción que únicamente sirve al capital. Por ejemplo, la actual “agitación por la República” en la que Podemos junto con IU se ha volcado a tope[12]. Perdiendo el tiempo en acciones sin futuro, nos alejamos de una tarea que quizá resulta dura y difícil, de la que no se verán resultados más que a largo plazo, pero que es apasionante: se trata de la recuperación y vivificación crítica de la experiencia histórica del proletariado, de la elaboración teórica. Estas constituyen armas imprescindibles para futuras luchas y participan de la maduración subterránea de la conciencia que se da en sectores del proletariado.
El proletariado no puede confiar en vendedores de humo como Podemos, debe desarrollar su propio terreno de lucha: su interés como clase mundial y emancipadora frente al interés nacional del capital; su auto-organización en asambleas generales y consejos obreros frente a al Estado y sus “salvadores”.

“Ni en dioses, reyes ni tribunos, está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor”, dice el himno de La Internacional.


Smolny, 8-6-14
[1] Para un balance de este movimientos y otros a nivel internacional ver “2011: de la indignación a la esperanza”, http://es.internationalism.org/node/3349
[2] Ver nuestro artículo “100 años de decadencia”, http://es.internationalism.org/ccionline/201406/4029/100-anos-de-decadencia
[3] Ver en Revista Internacional nº 140, el inicio de la Serie ¿Qué son los Consejos Obreros? http://es.internationalism.org/rint/2000s/2010s/2010/140_consejos
[4] Es un término utilizado nada menos que por el banquero Mario Conde, famoso por su pelotazo en el Banesto en 1993.
[9] Como muestra cabe destacar que el Señor Iglesias se declara “amigo” del Señor Vestrynge quien comenzó su carrera en la extrema derecha, después fue secretario general del predecesor del PP (Alianza Popular), posteriormente fue asesor del Señor Frutos (dirigente del PCE y de IU) y se incorporó al proyecto Podemos, aunque unas declaraciones “inoportunas” de tinte racista hicieron que ante la lo metieran en el armario. Ver http://www.publico.es/politica/521917/pablo-iglesias-podemos-ha-movilizado-a-muchos-que-nunca-hubieran-llegado-a-la-izquierda
[10] Esto lo explicamos en “La experiencia rusa: propiedad privada y propiedad colectiva”, http://es.internationalism.org/node/2119
[11] Ver nuestras “Tesis sobre la Descomposición”, http://es.internationalism.org/node/2123

Estalinismo, enemigo de la clase trabajadora

Interesante artículo de la Corriente Comunista Internacional, uno de los grupos actuales cercanos a las posiciones de la histórica corriente de la Izquierda Comunista, que habla sobre quién consideran el enemigo del proletariado: Stalin.



Luego de la implosión del bloque imperialista comandado por la URSS a fines de la década de los 80, los grupos de la izquierda del capital se esforzaban por desmarcarse de sus posturas reivindicativas de Stalin, la misma burguesía realizó una ardua campaña sobre la “muerte del comunismo” basada en la absurda igualación del estalinismo con el marxismo, sin embargo esa campaña se ha deslavado, y su efecto de confusión en las filas de la clase obrera ha disminuido, no obstante el empeño de la clase dominante por denigrar al marxismo la conduce a reciclar o “modernizar” al estalinismo y empujar así a su “renacimiento”, creando incluso presentaciones con matices para cada caso. En su versión más light se encuentran grupos que esconden un poco su pasado estalinista como Refundazione Comunista (Italia) y que son puestos ahora como ejemplo de la “izquierda moderna”, otras presentaciones son más “cómicas”, tienen un estilo religioso, de alabanzas y mentiras, con presencia fundamental a través de Internet, como el Foro: “Movimiento Stalin Vive”, pero la forma más burda y grotesca es la que representan las viejas estructuras estalinistas que escondidas bajo la denominación de “marxistas-leninistas” pretenden borrar la historia y colar nuevamente al estalinismo como una corriente proletaria.

En las manifestaciones que se han realizado por Marcos en torno a la “6ª declaración” y en los actos realizados por la APPO, hemos visto como telón de fondo la foto de Stalin, seguida de las de Marx, Engels y Lenin, con lo que intentan los estalinistas del PCMm-l, meter de contrabando la idea de que hay una continuidad histórica entre Stalin y el marxismo. En ningún momento hemos visto que la APPO o Marcos se incomoden por tal escenografía, en particular la actitud de Marcos, tan “burlón” de lo que representa el marxismo, parece no incomodarle en absoluto el mensaje de las imágenes, por el contrario, (a pesar de las “protestas” de sus seguidores trotskistas[1] le permite mostrar su “tolerancia y apertura”... hacia todo aquello que denigre al marxismo[2].

De la misma forma, en una pretendida reflexión histórica, el maoísta Partido Comunista Revolucionario (PCR) de EUA, expone así el significado de Stalin: “A Stalin lo han demonizado espantosamente, lo cual no ayuda a captar su verdadero papel histórico ni los grandes logros de la Unión Soviética... Stalin dirigió las luchas para colectivizar la agricultura y socializar la industria... Stalin dirigió la lucha contra todo eso, pero también tuvo deficiencias muy grandes. En los años 1930, cuando la revolución se encontraba en una situación de mayores presiones, recurrió más y más a medidas administrativas en vez de apoyarse en la actividad consciente de las masas. Era necesario suprimir a las fuerzas contrarrevolucionarias, pero ante las crecientes amenazas, Stalin reprimió a gente que simplemente planteó desacuerdos o disentimiento.”
Pero su método de comprensión de la historia lo sintetizan así: “Bob Avakian (dirigente del PCR, al que ellos llaman “nuestro presidente”) señala que si la burguesía defiende a Madison y Jefferson —figuras centrales de la Independencia (una revolución burguesa) que eran dueños de esclavos— los revolucionarios debemos defender a Stalin y a la vez criticar sus errores y aprender de ellos.” (Revolución 64, 8-10-2006). Este argumento es el mismo de Sendero Luminoso (Perú) que, usando una precisión matemática (heredada de Mao), asegura que el 70% de lo realizado por Stalin fue correcto[3]. Pero el estalinismo ni tiene conexión histórica con el marxismo, ni es una corriente proletaria, es la corriente política que expresa la degeneración de la revolución y del partido bolchevique, por lo que no hay nada reivindicable en ella.

Estalinismo, encarnación de la contrarrevolución

El pragmatismo de la burguesía que envuelve con un velo la realidad y juzga sin más parámetro que lo “utilitario”, no sirve para analizar el significado del estalinismo. Esta visión pragmática repetida por el estalinismo parece plantear: Si el socialismo en un solo país funcionó y Stalin condujo a “ganar” la guerra, entonces, es “bueno” y está en continuidad con el marxismo, no importa que medios usó, ni que representó materialmente esa actuación; todo lo resume al principio jesuita: “el fin justifica los medios”, y a la medición “bueno o malo”. Trotsky, en “Su moral y la nuestra”, explica como el pensamiento burgués, recurriendo al pragmatismo establece analogías como las que hace el estalinismo para igualar a Stalin con Marx o Lenin: “El rasgo fundamental de esas asimilaciones e identificaciones lo constituye el ignorar completamente la base material de las diversas tendencias, es decir, su naturaleza de clase, y por eso mismo su papel histórico objetivo. En lugar de eso, se valoran y clasifican las distintas tendencias según cualquier indicio exterior y secundario... Así, para el papa romano, los francmasones, los darwinistas, los marxistas y los anarquistas son gemelos, puesto que todos por igual niegan sacrílegamente la Inmaculada...” (El subrayado es nuestro).

De manera que para entender el papel que Stalin tiene en la historia, no podemos (como lo hace el PCR o Sendero) asirnos al pensamiento burgués, no basta tampoco establecer un juicio solamente de su conducta individual sin ver las conexiones históricas presentes en ese momento.

De esta manera, no podemos dejar de señalar que el carácter de aventurero político de Stalin, su ambición y orgullo desmedido marca sin duda su comportamiento, sin embargo criaturas como él, pueden emerger y extender el terror cuando hay las condiciones materiales particulares, que en este caso es la derrota de la revolución. Esto quiere decir que no es la presencia y actuación sanguinaria de Stalin la que condujo a esta derrota, sino que es la derrota lo que permitió su hegemonía. El estalinismo tan sólo dio cuerpo a la contrarrevolución, que se expresa de manera fundamental a través de las “tesis del socialismo en un solo país” (1925), en el ataque y la persecución feroz en contra de los militantes revolucionarios y en el sometimiento del partido bolchevique (y la III Internacional) a la defensa de los intereses nacionales de la “patria socialista” rusa. Estos hechos representan el abandono total del marxismo.

Ante la oleada revolucionaria extendiéndose por diversas partes del planeta, la burguesía mundial respondió reprimiendo con gran ferocidad, colocando así un “cordón sanitario” en torno a la revolución encabezada por el proletariado ruso, deteniendo la extensión de la revolución y derrotando así al proletariado mundial. Ante el aislamiento de la revolución, la clase obrera no pudo conservar su dictadura revolucionaria: el poder de los soviets es destruido y el partido bolchevique, otrora instrumento de la revolución, degenera transformándose en un partido de Estado. Así, lo que impone Stalin y su camarilla no es un “Estado obrero degenerado” como repite el trotskismo[4], sino un Estado encargado de cumplir la explotación y por tanto la extracción de plusvalía, representando, por ello, la nueva forma de la burguesía. Así mismo, la persecución, exilio, prisión y ejecución de los militantes comunistas que las grandes democracias y el fascismo llevara a cabo, son repetidas, con igual saña por el estalinismo, revelando su naturaleza contrarrevolucionaria.

Ya en 1919, el grupo Centralismo Democrático, liderado por Ossinky, Smirnov y Sapranov, había comenzado a alertar contra el “marchitamiento” de los Soviets. En 1923, el Grupo Obrero, encabezado por Miasnikov expone importantes críticas y revela la dificultad de permitir que el partido bolchevique se transformara en un partido de Estado, sin embargo es la derrota de la oleada revolucionaria (que muestra sus últimas expresiones en la huelga general de Gran Bretaña, en 1926 y la revuelta de Shangai de 1927) lo que permite que la contrarrevolución imponga su dominio, y las democracias, el nazi-fascismo y el estalinismo extiendan un periodo de sometimiento y terror en contra de la clase obrera.

“Socialismo en un solo país”: negación del marxismo

Un aspecto que favoreció la extensión de la confusión y de la contrarrevolución, fue el aprovechamiento que hizo Stalin del prestigio de Lenin; era necesario para imponer más fácilmente su poder el presentarse como continuador de Lenin y defensor de los principios marxistas, para ello suele usar una fórmula a la que recurre en cada discurso consistente en denominarse “marxista-leninista”, es sobre esta creación fantasmal que falsificará la historia. El hecho más escandaloso, es la afirmación de que las tesis del “socialismo en un solo país” son producto del desarrollo del marxismo.

Stalin en “Cuestiones del leninismo”, afirmó que el leninismo era el marxismo de la época imperialista, y la fuerza política que asumía al interno del partido le permitió decretarse como el “verdadero” interprete de Lenin, de forma que cualquier aberración que afirmara la presentaba como una deducción “leninista”, así fuera el abandono del principio internacionalista, la defensa de la economía nacional, los crímenes contra viejos militantes bolcheviques, la imposición de mayores ritmos de trabajo o su alianza con otras fuerzas imperialistas. Con esta falsificación total del marxismo refuerza el sometimiento de la clase obrera y abre (desde los 30 y hasta 1968) una era negra de contrarrevolución. Son estas aberraciones lo que los denominados “marxistas-leninistas” pretenden revivir.



 Democracias, cómplices del estalinismo


Hipócritamente las grandes democracias critican los crímenes de Stalin, sin embargo cuando lo hacen pretenden hacer la identidad con el marxismo y por ese conducto vomitar todo su odio contra el proletariado. Para el burgués “crítico” no existe diferencia entre marxismo y estalinismo, empero los trabajadores no pueden olvidar que si el capitalismo de Estado en su versión estalinista (del que podemos ver en Cuba sus últimos reductos) se fundó en la posibilidad del “socialismo en un solo país”, el marxismo defiende el principio internacionalista, resumido por Engels en 1847: “… la revolución comunista no será una revolución puramente nacional sino que se producirá simultáneamente en todos los países (…) Es una revolución universal y tendrá, por eso un ámbito universal.”

Cuando la burguesía critica a Stalin, olvida mencionar que la democracia y el estalinismo se dieron la mano al participar en la 2ª Guerra Mundial, y en la defensa de “la patria socialista”, lo que muestra abiertamente el papel que jugó Stalin como representante de una fuerza imperialista en la disputa internacional.

Antes la burguesía internacional había visto en Stalin a su igual cuando en 1934 es aceptada la URSS en la Sociedad de las Nacional (antecedente de la ONU), la misma organización a la que Lenin había llamado “pandilla de ladrones”. Los trabajadores no deben de olvidar que fueron los Estados democráticos los que aplaudieron la faena represiva de Stalin en contra de los revolucionarios y hoy esconden que fueron “honorables” miembros de la democrática “Liga de los derechos del hombre” (con sede en Francia) los que “certificaron” la “legalidad” de las purgas y procesos en contra de los bolcheviques[5], por todo ello, la tradición proletaria y los combates de los trabajadores no tiene ninguna herencia en el estalinismo, por el contrario, el estalinismo en todas sus variantes (maoísmo, guevarismo, castrismo...) no es sino un instrumentos del capital.

Tatlin/15-0ctubre-2006




[1] Este hecho lo ha tratado Edgar Sánchez (ex diputado por el PRD y dirigente del trotskista PRT), no obstante al pretender mostrar que no hay continuidad entre Stalin y Lenin, concluye que hay una relación entre lo defendido por Lenin y los planteamientos del EZLN (ver Bandera Socialista 22). Ni aún tomando los desarrollos más endebles de Lenin, alguien, con un mínimo de honestidad intelectual, podría compararlo con el EZLN.
[2] . Hay que tomar en cuenta también que el EZLN proviene del grupo denominado Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), defensores febriles de Fidel Castro, no es raro que el mismo Marcos en su tour por Sinaloa hace unas semanas rindiera “homenaje” a la llamada “revolución” cubana.




[3] En “Entrevista al Presidente Gonzalo” (líder preso de Sendero) se dice: “Del camarada Stalin mucho se habla y se le ataca pero es lamentable que otros también lo hagan, imputándole multitud de errores y denigrándolo. Creemos que el camarada Stalin es un gran marxista-leninista. Lo que el Presidente Mao dijera de él es correcto, erró en un 30 por ciento y la raíz de ese error estuvo en sus limitaciones del manejo de la dialéctica; pero nadie puede negar su condición de gran marxista...”.




[4] Una divergencia fundamental entre Trotsky y la Izquierda Comunista Rusa es que mientras el primero iba a permanecer toda su vida atado a la noción de la defensa de la URSS, reconociendo una condición proletaria en el estalinismo, los comunistas de izquierda vieron que el triunfo del estalinismo –incluso con sus giros de “izquierda”– era el triunfo de la clase enemiga e implicaba la necesidad de una nueva revolución (no sólo política).

 
[5] En particular los procesos contra Zinóviev y Kámenev.

Poesía búlgara contra la guerra: Un poema de Román Kissiov (1962) en búlgaro y en español

Roman Kissiov (Kazanlak, 1962) es poeta, artista y traductor de poesía. Se graduó de la Escuela Superior de Arte de su ciudad natal y de la ...